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7 de junio de 2025 a las 04:45
Fernando Gamboa ¿obligado a mentir sobre Imelda?
La sombra de la controversia continúa extendiéndose sobre la disputa entre Maribel Guardia e Imelda Garza Tuñón por la custodia del pequeño José Julián. Lo que comenzó como una batalla legal, ahora se ha transformado en un laberinto de acusaciones, amenazas y retractaciones que ha dejado a la opinión pública perpleja. Recordemos que la chispa que encendió la polémica fue la denuncia interpuesta por Maribel Guardia contra Imelda, alegando negligencia y consumo de sustancias. En aquel momento, el testimonio de Fernando Gamboa, expareja de Imelda, pareció inclinar la balanza en contra de la joven. Gamboa afirmó públicamente que Imelda tenía problemas de adicción, una declaración que resonó con fuerza en los medios y fortaleció la postura de Maribel Guardia.
Sin embargo, un nuevo capítulo se ha escrito en esta historia, uno que pone en tela de juicio la veracidad de las primeras declaraciones de Gamboa. En una entrevista exclusiva con la periodista Addis Tuñón, el empresario ha revelado una verdad estremecedora: fue coaccionado y amenazado para declarar en contra de su expareja. Gamboa relató con detalle cómo fue abordado por individuos que, sin identificarse ni presentar orden judicial alguna, lo presionaron para que confirmara la supuesta adicción de Imelda. Las amenazas fueron escalando hasta el punto de amenazarlo con incriminarlo por posesión de drogas y exigirle fuertes sumas de dinero a cambio de su silencio.
"Me dio miedo, más que nada porque me estaban extorsionando […] Me querían subir a una patrulla y me querían sembrar droga. Tuve que negociar", confesó un visiblemente afectado Fernando Gamboa. El empresario describió cómo el temor por su seguridad y la de su familia lo obligó a ceder ante la presión. A pesar de sus intentos por resistirse, la constante intimidación y las amenazas directas a su integridad lo orillaron a participar en la entrevista donde, según sus palabras, fue obligado a mentir sobre Imelda. "Me estaban atacando, literal llegaban con armas y me decían: ‘A mí lo que me sobra es fentanilo’", relata Gamboa, pintando un panorama desolador de la situación que vivió.
Según el testimonio de Gamboa, todo formaba parte de una elaborada "campaña de desprestigio" orquestada en contra de Imelda Garza Tuñón, presuntamente con el objetivo de debilitar su posición en la disputa por la custodia de José Julián. "Me dijeron que dijera que ella se drogaba […] para legalmente poderla perjudicar. O sea, de hecho yo sí les dije: ‘No se droga’, pero era una campaña de desprestigio", sentenció. Estas nuevas revelaciones añaden una capa de complejidad al ya de por sí intrincado caso, y plantean serias interrogantes sobre la validez de las acusaciones iniciales contra Imelda.
Abrumado por la culpa y el remordimiento, Fernando Gamboa decidió confesarle la verdad a Imelda, admitiendo que sus declaraciones públicas habían sido producto de la coacción y el miedo. Este acto de arrepentimiento lo llevó también a interponer una denuncia formal por extorsión y privación ilegal de la libertad en grado de tentativa, un paso que describe como una "situación repugnante", pero necesaria para enmendar el daño causado y buscar justicia. "Me sentí mal, como que la traicioné, como que no tenía otra escapatoria. De hecho yo ya hablé con Imelda y le tuve que explicar que me estaban extorsionando y casi casi secuestrar", finalizó Gamboa.
Este nuevo giro en los acontecimientos no solo pone en entredicho la credibilidad de los testimonios previos, sino que también arroja luz sobre las turbias estrategias que podrían estar utilizándose en esta batalla legal. ¿Quiénes son los responsables de las amenazas y la extorsión a Fernando Gamboa? ¿Cuál es su conexión con la disputa por la custodia de José Julián? Estas son preguntas cruciales que aún quedan por responder y que, sin duda, marcarán el futuro de este controvertido caso. Mientras tanto, la opinión pública permanece expectante, a la espera de nuevos desarrollos que permitan esclarecer la verdad y hacer justicia a todas las partes involucradas.
Fuente: El Heraldo de México