3 de junio de 2025 a las 10:29
Gobierno bajo amenaza: ¿Pagar o resistir?
La frustración se palpa en el aire, un residuo tangible del paso de la CNTE por la Ciudad de México. No solo las calles quedaron cubiertas de basura, también los ánimos de los ciudadanos. 800 millones de pesos. Esa es la cifra que resuena en la cabeza de todos, el precio de la "liberación" de la capital. Un secuestro disfrazado de protesta, donde los rehenes fuimos todos. Y el rescate, un pago sin justificación que alimenta la maquinaria de la extorsión.
¿Qué se esconde detrás de esta cifra exorbitante? No se trata de mejoras educativas, de recursos para las aulas o de capacitación para los docentes. No, este dinero no lleva la etiqueta de la educación. Es el combustible que alimenta los bolsillos de unos cuantos líderes, un puñado de individuos que se benefician del caos y la disrupción. Mientras tanto, los verdaderos perjudicados, los alumnos, siguen relegados al olvido. Pierden clases, pierden oportunidades y, lo más grave, pierden la fe en un sistema que les falla una y otra vez.
La CNTE ha perfeccionado el arte de la extorsión, convirtiendo la presión social en una herramienta para obtener beneficios económicos. Y lo más preocupante es que el gobierno, una vez más, cede ante sus demandas. No importa el color del partido, la historia se repite. Priistas, panistas y ahora la 4T, todos han caído en la trampa, alimentando un ciclo vicioso que perpetúa la impunidad.
¿Acaso no hay otra salida? ¿Estamos condenados a ser rehenes de estos grupos que utilizan la educación como moneda de cambio? La respuesta, lamentablemente, no es sencilla. Se requiere una estrategia integral que aborde las causas de fondo del problema, que fortalezca las instituciones educativas y que, sobre todo, ponga fin a la impunidad. El diálogo y la negociación son fundamentales, pero no pueden ser sinónimo de debilidad. Es necesario establecer límites claros y firmes, y aplicar la ley con rigor ante cualquier acto de extorsión o violencia.
La herida que deja la CNTE es profunda, una cicatriz que nos recuerda la fragilidad de nuestro sistema. Pero también es una oportunidad para reflexionar, para exigir un cambio real y para construir un futuro donde la educación sea un derecho, no un privilegio, y donde los maestros sean los verdaderos protagonistas del cambio, no los instrumentos de la discordia. El futuro de nuestros hijos está en juego. No podemos permitir que la extorsión y la impunidad sigan secuestrando la educación.
Más allá de la indignación, es necesario pasar a la acción. Exigir transparencia en el uso de los recursos públicos, promover la participación ciudadana en la toma de decisiones y fortalecer la rendición de cuentas son pasos fundamentales para romper el ciclo de la extorsión. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la educación se convierte en un botín político. El futuro de México depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México