2 de junio de 2025 a las 09:30
El antifeminismo joven ¿una moda?
La sombra de la extrema derecha se alarga sobre Europa, un fenómeno que encuentra un preocupante eco en Latinoamérica. No se trata de un fantasma, sino de una realidad palpable, alimentada por el descontento de jóvenes, en su mayoría hombres menores de 25 años, que ven en el feminismo un enemigo, una amenaza a sus supuestos "privilegios" perdidos. Pero, ¿qué privilegios han perdido realmente? Más bien, lo que se observa es un declive generalizado en sus condiciones de vida: ingresos menguantes, empleo precario, un poder adquisitivo que se evapora, dificultades para acceder a la educación universitaria e incluso un deterioro de su salud mental. Mientras tanto, en un giro esperanzador, las mujeres de la misma generación, en varios países europeos, han logrado invertir la brecha salarial, percibiendo mejores sueldos que sus contrapartes masculinas.
Este escenario, analizado en el informe “De proveedor a precario: cómo el declive económico de los hombres jóvenes alimenta la reacción antifeminista” del European Policy Centre, nos muestra la cruda realidad: la precariedad económica de la clase trabajadora es el caldo de cultivo perfecto para el resurgimiento de ideologías reaccionarias. Se culpa al feminismo de los males que aquejan a estos jóvenes, se lo pinta como el causante de sus problemas, desviando la atención del verdadero culpable: un sistema económico desigual que limita el desarrollo de todas las personas, especialmente de las nuevas generaciones. Es una manipulación perversa, una retórica confrontativa que busca perpetuar el sistema de explotación, y lamentablemente, está funcionando. Las cifras hablan por sí solas: en las elecciones europeas de 2024, el 17.2% de los hombres menores de 25 años votaron por la extrema derecha, frente a un 9.5% de las mujeres de la misma edad.
La raíz del problema no es el feminismo, sino los cambios estructurales que amplían las desigualdades. La falta de oportunidades de crecimiento, las malas condiciones laborales, la precarización del empleo con modelos como Uber, se suman a la presión social que aún pesa sobre los hombres jóvenes, la expectativa de ser el "proveedor", el sostén de la familia. Un peso que se vuelve insoportable en un contexto de incertidumbre y precariedad.
¿Cómo revertir esta peligrosa tendencia antifeminista? No es una tarea sencilla. Las resistencias socioculturales se entrelazan con las económicas, creando un nudo difícil de desatar. Es crucial implementar políticas públicas que mejoren las condiciones de vida de los jóvenes, generar empleos dignos, promover el acceso a la educación y fomentar una cultura de igualdad desde la base. No podemos permitirnos ignorar el descontento de los jóvenes, ni dejar que los partidos conservadores, con sus agendas que restringen derechos en todo el mundo, capitalicen ese descontento. Los triunfos de la derecha en Italia, Hungría y Reino Unido son una señal de alarma que no podemos ignorar.
La clave está en un enfoque integral que incluya a las y los jóvenes, que promueva la justicia social y que desactive la retórica violenta que se propaga entre las nuevas generaciones. Debemos adueñarnos del discurso, enfatizando el acceso a los derechos, impulsando un modelo económico más justo y construyendo un futuro donde la igualdad sea una realidad para todos y todas. El desafío es grande, pero no podemos darnos el lujo de fracasar.
Fuente: El Heraldo de México