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29 de mayo de 2025 a las 09:10

¡Profesores rebeldes!

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha vuelto a acaparar los titulares, no por su labor educativa, sino por sus disruptivas protestas y exigencias. Un torbellino de especulaciones rodea sus acciones: ¿Buscan dinamitar la elección judicial? ¿Son un instrumento del gobierno para desviar la atención de una posible baja participación electoral? ¿Representan una advertencia de López Obrador a Claudia Sheinbaum? Sea cual sea la verdad, la CNTE aprovecha el clima político para demandar más, mucho más. Y como en un juego perverso, la cercanía de las elecciones se convierte en el escenario perfecto para que tanto la CNTE como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) muestren su verdadero rostro.

Mientras el SNTE ya ha conseguido un incremento presupuestal de 36 mil millones de pesos –un incentivo, quizás, para movilizar votantes el domingo–, la CNTE eleva la apuesta con una lista de exigencias que raya en lo inverosímil. Si bien se les asocia con López Obrador, su cercanía no parece extenderse a la actual jefa de Gobierno. Su insistencia en derogar la Ley del ISSSTE de 2007, también conocida como la "Ley de Calderón", demuestra una desconexión alarmante con la realidad financiera del país.

Esta reforma, lejos de ser un capricho ideológico, fue una medida necesaria para evitar el colapso del sistema de pensiones. ¿Imaginan el impacto de volver al anterior esquema? Programas sociales vitales desaparecerían, el sistema de salud se vería aún más afectado, y la carga para las finanzas públicas sería insostenible. Pero la CNTE, en su afán de obtener privilegios para unos cuantos, ignora estas consecuencias.

Sus métodos de protesta, que incluyen bloqueos, plantones y un discurso agresivo, reflejan una profunda falta de respeto hacia la ciudadanía. Mientras médicos, enfermeras, policías y militares esperan pacientemente la aprobación de mejoras salariales, la CNTE utiliza la presión y el chantaje para obtener beneficios exclusivos. ¿Dónde queda la vocación de servicio? ¿Dónde está el compromiso con la educación y con el país?

La reciente reunión en Bucareli con la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, dejó en evidencia la intransigencia de la CNTE. Su principal demanda, la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, es una muestra de su desprecio por la realidad y por el resto de los mexicanos. Mientras otros trabajadores del sector público se mantienen firmes en sus labores, esperando respuestas a sus justas demandas, la CNTE opta por el caos y la disrupción, demostrando que sus intereses particulares están por encima del bienestar colectivo.

Es hora de preguntarnos: ¿a quién sirve realmente la CNTE? ¿A sus alumnos, a la educación, o a una pequeña élite que se beneficia de sus prebendas? La respuesta, lamentablemente, parece obvia. La CNTE, en su afán de poder y privilegios, ha perdido el rumbo y se ha convertido en una sombra de lo que debería ser: un organismo comprometido con la formación de las futuras generaciones. Su comportamiento actual no solo perjudica a la sociedad en su conjunto, sino que también desprestigia la noble labor de los verdaderos maestros, aquellos que día a día se esfuerzan por construir un futuro mejor para sus alumnos y para el país.

Fuente: El Heraldo de México