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29 de mayo de 2025 a las 09:35

México y Japón: ¿alianza imparable?

La creciente interdependencia económica entre México y Estados Unidos es un tema que, si bien ofrece oportunidades innegables, también genera inquietudes en socios comerciales clave como Japón. Durante mi reciente visita a la Universidad Meiji, tuve la oportunidad de palpar de primera mano esta preocupación. En reuniones con funcionarios del gobierno japonés, académicos y líderes empresariales, se hizo evidente la incertidumbre que genera el rumbo político y económico de México en el contexto geopolítico actual.

Las noticias que llegan a Japón, sobre la violencia, la compleja situación de seguridad y las señales contradictorias en materia de inversión extranjera, pintan un panorama incierto para quienes, como Japón, ven en México un socio estratégico a largo plazo. A esto se suma la percepción de un debilitamiento institucional y una política económica que oscila entre el pragmatismo y la ideologización. Si bien se reconocen los avances en sectores clave como el automotriz y las energías renovables, la incertidumbre jurídica, regulatoria y fiscal se percibe como un obstáculo para una mayor inversión.

Desde la academia, intenté explicar que, a pesar de los desafíos, México se encuentra en una posición privilegiada para redefinir sus relaciones bilaterales. El nearshoring se presenta como una oportunidad única, gracias a la ubicación geográfica, la red de tratados comerciales y la sólida base industrial del país. Japón, con su interés en diversificar sus cadenas de suministro y reducir su dependencia de China, ve en México un aliado potencial en sectores estratégicos como semiconductores, baterías y tecnologías verdes.

Sin embargo, la sombra del proteccionismo estadounidense se cierne sobre esta prometedora relación. La estrategia de "desacoplamiento" y "friendshoring" impulsada por Estados Unidos coloca a México en una encrucijada: si bien se beneficia de su cercanía con el mercado estadounidense, también se ve sometido a presiones para alinearse con las prioridades estratégicas de Washington. Un endurecimiento de la política comercial estadounidense frente a China, con restricciones a productos con insumos chinos o mecanismos de certificación de origen más estrictos en el marco del T-MEC, podría obligar a México a replantear sus relaciones comerciales con países asiáticos.

En este contexto, la diversificación comercial se convierte en una necesidad imperante para México. La excesiva dependencia del mercado estadounidense, que absorbe más del 80% de las exportaciones mexicanas, limita la autonomía y la resiliencia de la política exterior del país. Japón, a pesar de ser el cuarto socio comercial a nivel global y el segundo inversionista asiático después de China, representa apenas el 1.5% del comercio exterior mexicano. Corregir este desbalance es crucial para fortalecer la posición de México en el escenario internacional y construir relaciones bilaterales más equilibradas y beneficiosas. La oportunidad está ahí, pero requiere una estrategia clara, una política económica previsible y un compromiso firme con la construcción de un ambiente de confianza para la inversión extranjera. El futuro de la relación entre México y Japón, y la capacidad de México para aprovechar al máximo las oportunidades del nuevo orden geopolítico, dependen en gran medida de las decisiones que se tomen en los próximos años.

Fuente: El Heraldo de México