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29 de mayo de 2025 a las 18:30
Inundaciones en Agrícola Pantitlán: ¿Hasta cuándo?
El clamor de auxilio resuena desde las entrañas de la Ciudad de México. La madrugada del jueves, la lluvia, implacable y torrencial, azotó con furia las alcaldías Venustiano Carranza e Iztacalco, dejando a su paso un rastro de destrucción y desesperanza. Familias enteras se despertaron con el agua invadiendo sus hogares, un escenario que, lamentablemente, se repite con la puntualidad de cada temporada de lluvias. El agua, turbia y cargada de desechos, se adueñó de las calles, convirtiéndolas en ríos improvisados que dificultan el tránsito y ponen en riesgo la integridad de los habitantes.
En la colonia Moctezuma Segunda Sección, en Venustiano Carranza, la situación es particularmente crítica. Al menos cinco departamentos se vieron afectados por las inundaciones. El agua, sin piedad, se coló en los hogares, dañando muebles, electrodomésticos y dejando a su paso el penetrante olor a humedad que anticipa las largas jornadas de limpieza y las pérdidas materiales que, para muchos, representan un golpe devastador a su economía. Los vecinos, con rostros de angustia y cansancio, trabajan incansablemente con cubetas, intentando achicar el agua que se niega a retroceder. Bomberos trabajan a contrarreloj para destapar las coladeras, mientras se espera la llegada de personal de Protección Civil y de la alcaldía para las labores de desazolve. La pregunta que flota en el aire es: ¿será suficiente esta vez? ¿O la próxima lluvia volverá a traer consigo la misma pesadilla?
La historia se repite en la colonia Agrícola Pantitlan, en Iztacalco. La señora Estela Rodarte, con la voz quebrada por la impotencia, relata la tragedia que vive cada año: "Cada año nos inundamos", repite, como un mantra doloroso, mientras contempla los estragos en su hogar. El agua, en su casa, alcanzó casi un metro de altura. Imaginen, por un instante, la angustia de ver cómo tus pertenencias, los recuerdos de una vida, flotan a la deriva en la corriente. Imaginen el frío que cala los huesos, la humedad que se impregna en la ropa, la desesperación que se apodera del alma.
Pero la tragedia no se limita a las pérdidas materiales. En esta zona de la ciudad, llevar a los niños a la escuela se convirtió en una odisea. Padres y madres, con un heroísmo silencioso, cargaron a sus hijos para evitar que se mojaran, para que pudieran llegar a sus clases, para que, a pesar de la adversidad, la vida continuara. Estas imágenes, conmovedoras y desgarradoras al mismo tiempo, nos recuerdan la vulnerabilidad de nuestra ciudad ante los embates de la naturaleza y la necesidad urgente de implementar soluciones a largo plazo. No basta con las acciones reactivas, con los esfuerzos titánicos de los vecinos y los cuerpos de emergencia. Es necesario un plan integral que aborde las causas de estas inundaciones recurrentes y que garantice la seguridad y el bienestar de todos los habitantes. ¿Hasta cuándo seguiremos siendo testigos de estas escenas de dolor y desesperación? ¿Cuándo dejarán de ser las lluvias una amenaza para las familias de la Ciudad de México?
Fuente: El Heraldo de México