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29 de mayo de 2025 a las 07:00

Gana $1500 sin mover un dedo

En un mundo obsesionado con la productividad y la innovación constante, la propuesta de Shoji Morimoto resulta, cuanto menos, disruptiva. ¿Pagar por la compañía de alguien que no hace absolutamente nada? Para muchos, una idea absurda. Sin embargo, la creciente demanda de sus servicios, con cerca de cinco mil clientes en siete años, nos obliga a reflexionar sobre las necesidades ocultas de nuestra sociedad hiperconectada. ¿Acaso en la era de la inmediatez y la sobreestimulación, el "no hacer nada" se ha convertido en un lujo?

Morimoto, un ex científico con estudios en física y terremotos, ha encontrado un nicho de mercado explotando precisamente la ausencia de acción. No ofrece soluciones, consejos ni siquiera conversación profunda. Su valor reside en su mera presencia, en ser un acompañante silencioso que valida las experiencias de sus clientes. Desde ir a un restaurante donde se sienten incómodos solos, hasta completar el número de jugadores para un partido, Morimoto se convierte en ese "alguien" que hace que la situación sea más llevadera, más cómoda, más "normal".

Imaginen la escena: un cliente nervioso ante una importante entrevista de trabajo contrata a Morimoto. No le pide consejos ni palabras de aliento, simplemente su presencia en la sala de espera. Esa compañía silenciosa, esa figura neutral, puede ser suficiente para calmar los nervios y afrontar la situación con mayor seguridad. No se trata de magia, sino de la sutil influencia de la presencia humana, de ese sentimiento tácito de no estar completamente solo.

La historia de Morimoto nos invita a cuestionar nuestras propias percepciones de la productividad y el valor del tiempo. ¿Estamos tan obsesionados con "hacer" que hemos olvidado la importancia de simplemente "ser"? En un mundo donde nos bombardean constantemente con información y estímulos, la tranquilidad de la inacción, la compañía silenciosa, se convierte en un bien preciado.

El éxito de este peculiar servicio también pone de manifiesto la creciente soledad y la necesidad de conexión humana en la sociedad moderna. En un mundo virtualmente conectado, la paradoja es que la soledad se ha convertido en una epidemia silenciosa. Morimoto, sin pretenderlo, ofrece un antídoto contra este malestar contemporáneo. Su presencia, aunque pasiva, rellena un vacío, ofrece una conexión, aunque sea superficial, en un mundo donde las interacciones genuinas parecen cada vez más escasas.

El hecho de que Morimoto haya documentado sus experiencias en un libro de memorias añade otra capa de interés a su historia. Es una ventana a las peculiaridades de la condición humana, a las necesidades a menudo inexpresables que nos impulsan a buscar la compañía, incluso la de un completo extraño que no hace nada. Es una reflexión sobre la soledad, la conexión humana y la búsqueda de sentido en un mundo que a menudo parece carecer de él. Y, por supuesto, es una historia fascinante sobre cómo la innovación puede surgir de los lugares más inesperados, incluso de la aparente inactividad. ¿Quién hubiera imaginado que "no hacer nada" podría convertirse en un negocio rentable? Morimoto lo ha conseguido, demostrando que a veces, la solución más simple es la más ingeniosa.

Fuente: El Heraldo de México