29 de mayo de 2025 a las 09:25
Domina el arte digital sin miedo
La irrupción de nuevas tecnologías siempre ha generado inquietud en el mundo del arte. Desde la fotografía hasta el internet, la historia se repite: el temor a ser desplazados por la novedad. Sin embargo, la tecnología, lejos de ser una amenaza, es el motor que impulsa la evolución artística. La palabra griega téchne engloba la técnica, la tecnología y las bellas artes, revelando la intrínseca relación entre habilidad, método y creación. La fotografía no mató a la pintura, ni el cine al teatro. Al contrario, estas nuevas formas de expresión, definidas por Benjamin como "artes reproducibles tecnológicamente", se integraron al panorama artístico, enriqueciéndolo.
La tecnología no solo facilita la aparición de nuevas disciplinas creativas, sino que también moldea nuestra percepción del mundo. En la tradición occidental, la técnica es la base sobre la que se construye el arte. Desde la pintura académica hasta la danza clásica, la técnica permite refinar las habilidades y dar forma a la obra. En la actualidad, la tecnología impulsa propuestas transdisciplinares, borrando las fronteras entre las distintas formas de expresión artística. El arte digital, en constante evolución, nos invita a repensar las categorías estéticas tradicionales.
Es innegable que la era digital ha transformado radicalmente el consumo cultural. Las masas han migrado de las salas de cine y los teatros a las plataformas online. Ignorar este cambio sería una irresponsabilidad. Debemos analizar el potencial de internet para generar nuevas formas de arte, pero también reflexionar sobre las implicaciones éticas, los derechos de autor y los desafíos de la cultura de masas.
La historia del arte es un continuo devenir, una evolución marcada por rupturas y transformaciones. Estos quiebres, lejos de ser discontinuidades, son parte de un proceso dialéctico que impulsa el progreso. Las nuevas herramientas tecnológicas nos permiten construir mundos críticos y reflexivos, un antídoto contra la vacuidad y el entretenimiento banal.
La técnica y el virtuosismo tecnológico, por sí solos, son estériles. Se necesita la visión del artista, su capacidad de dotar de significado a la obra. De nada sirven bailarines virtuosos sin un mensaje que transmitir, o pintores con una técnica impecable pero sin alma. El arte, la ciencia y la tecnología forman una unidad indisoluble, cuyo potencial creativo es ilimitado.
En la actualidad, es crucial que los artistas adopten una postura autocrítica. La complacencia y el conformismo son enemigos de la innovación. Debemos cuestionarnos el propósito del arte, ir más allá de la búsqueda de reconocimiento y estatus social. Es hora de reflexionar sobre el porqué y el para qué de nuestra creación, de explorar nuevas vías de expresión y contribuir a la construcción de un mundo más rico y significativo a través del arte.
Fuente: El Heraldo de México