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28 de mayo de 2025 a las 18:05

Milagro en Puebla: Mujer se salva de camión

Un escalofrío recorre la espina dorsal al ver las imágenes. Una mujer, de alrededor de 40 años, con la simpleza de un suéter blanco, jeans y tenis negros, se detiene ante un altar improvisado en la esquina de la 2 Sur y la 105 Oriente. Un gesto cotidiano, un acto de fe, una breve pausa en el ajetreo de la vida. Se persigna, con la naturalidad de quien busca consuelo o protección en lo divino. Segundos después, la tragedia. Un microbús de la Ruta 63, la unidad número 35, irrumpe en la escena, llevándose consigo la vida de la mujer en un instante brutal. El video, captado por una cámara de seguridad, es un crudo testimonio de la fragilidad de la existencia. La violencia del impacto, la indiferencia del conductor que continúa su ruta sin detenerse, la desesperación de los testigos que intentan, en vano, detener la huida del autobús… Todo queda grabado en una secuencia que se repite una y otra vez en la mente de quien la observa.

La noticia corre como pólvora en Puebla. La indignación se mezcla con el dolor. ¿Cómo es posible tanta indolencia? ¿Cómo puede alguien arrebatar una vida y seguir su camino como si nada hubiera ocurrido? Las redes sociales se convierten en un hervidero de comentarios, de reclamos de justicia, de condolencias para la familia de la víctima. El suéter blanco, los jeans, los tenis negros… detalles que humanizan a la víctima, que la convierten en algo más que una cifra en las estadísticas de accidentes viales. Es una madre, una hija, una hermana, una amiga. Alguien que tenía sueños, proyectos, una vida por delante que le fue arrebatada en un instante.

La Secretaría de Movilidad y Transporte de Puebla emite un comunicado. Se confirma la fuga del responsable, se asegura que "se continuará con las actuaciones que la Ley confiere". Palabras frías que no alivian el dolor, que no devuelven la vida perdida. La promesa de que el seguro cubrirá los daños ocasionados suena hueca, casi cínica, ante la magnitud de la tragedia. ¿Cómo se puede cuantificar el valor de una vida? ¿Cómo se puede reparar el vacío que deja su ausencia?

El altar en la esquina de la 2 Sur y la 105 Oriente se convierte en un improvisado memorial. Flores, velas, mensajes escritos a mano… Testimonios silenciosos de una vida truncada, de una justicia que se espera, de un dolor que no se apaga. La imagen de la mujer persignándose, segundos antes del impacto, se graba en la memoria colectiva. Un recordatorio de la fragilidad de la vida, de la importancia de valorar cada instante, de la necesidad de que la justicia prevalezca. La pregunta queda flotando en el aire: ¿cuántas vidas más se perderán antes de que se tomen medidas reales para prevenir estas tragedias? ¿Hasta cuándo la impunidad seguirá campando a sus anchas en las calles de nuestras ciudades?

Fuente: El Heraldo de México