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28 de mayo de 2025 a las 09:30

Harvard, Trump y la crisis migratoria: ¿Solidarios?

La sombra de la incertidumbre se cierne sobre miles de estudiantes internacionales, jóvenes llenos de sueños y aspiraciones que, de un plumazo, ven tambalear su futuro. La revocación de la certificación del Programa de Estudiantes y Visitantes de Intercambio de Harvard no es un mero trámite burocrático, es una herida abierta en el tejido de la comunidad global, una señal de alarma que resuena con especial fuerza en México, donde la migración es parte integral de nuestra historia y nuestra identidad. Imaginen la angustia de estos jóvenes, lejos de casa, enfrentando la posibilidad de tener que abandonar sus estudios, sus amigos, la vida que con tanto esfuerzo han construido. ¿Qué mensaje les estamos enviando como sociedad? ¿Qué futuro les espera si les cerramos las puertas a la educación, al intercambio cultural, a la construcción de un mundo más interconectado?

La justificación esgrimida por el Departamento de Seguridad Nacional, acusando a Harvard de “fomentar violencia, antisemitismo y coordinarse con el Partido Comunista Chino”, resulta no solo preocupante, sino profundamente alarmante. Estas acusaciones, lanzadas sin pruebas contundentes, siembran la desconfianza y alimentan la polarización en un momento en que, más que nunca, necesitamos tender puentes de diálogo y entendimiento. ¿Acaso no es la diversidad de pensamiento, la confrontación de ideas, la esencia misma de una universidad? ¿Cómo podemos aspirar a formar ciudadanos globales si criminalizamos el intercambio cultural y académico?

Las consecuencias de estas políticas migratorias restrictivas trascienden las aulas de Harvard. Millones de familias mexicanas dependen de las remesas que envían sus seres queridos desde Estados Unidos, un flujo vital que sostiene nuestra economía y que, con la amenaza de un nuevo impuesto, se ve ahora precariamente amenazado. ¿Qué pasará con esas familias que dependen de cada dólar enviado con amor y sacrificio? ¿Cómo podrán afrontar los gastos de alimentación, vivienda, educación, si se les arrebata una parte sustancial de sus ingresos?

No podemos permanecer impasibles ante esta realidad. Es nuestro deber, como mexicanos, como ciudadanos del mundo, alzar la voz y defender los derechos de nuestros migrantes, jóvenes y familias que, con su trabajo y dedicación, contribuyen al desarrollo de ambas naciones. Debemos exigir a nuestros representantes que actúen con firmeza y determinación, que promuevan políticas migratorias justas y humanas, que protejan a nuestros connacionales de la discriminación y el abuso.

La inversión en educación y capacitación en México es fundamental para brindar a nuestros jóvenes oportunidades de desarrollo en su propio país, para que no se vean obligados a emigrar en busca de un futuro mejor. Debemos fortalecer nuestras instituciones educativas, impulsar programas de formación profesional y fomentar el emprendimiento, para que nuestros jóvenes puedan construir sus sueños sin tener que cruzar fronteras.

La unidad nacional, más allá de ideologías y colores partidistas, es crucial en estos momentos de incertidumbre. Debemos cerrar filas en torno a nuestra comunidad migrante, brindarles apoyo y solidaridad, y trabajar juntos para construir un México más inclusivo, más justo, más próspero para todos. Porque la defensa de nuestros migrantes es la defensa de nuestra propia identidad, la defensa de nuestros valores, la defensa de nuestro futuro como nación.

Fuente: El Heraldo de México