28 de mayo de 2025 a las 09:35
El dilema electoral
La inédita elección del Poder Judicial mexicano se cierne sobre nosotros, un evento histórico que nos enfrenta a la compleja tarea de elegir a las figuras que darán forma a la justicia en nuestro país. Más de 880 cargos en disputa, una cifra que marea, y más de tres mil candidatos que pugnan por ocupar un espacio en este intrincado tablero. Desde las magistraturas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el máximo órgano judicial del país, hasta las Salas Regionales del Tribunal Electoral, pasando por el Tribunal de Disciplina Judicial y las judicaturas de Circuito y Distrito, la envergadura de esta elección es innegable.
Pero más allá de la abrumadora cantidad de cargos y candidaturas, la verdadera importancia radica en lo que está en juego: la legalidad, el sistema de contrapesos y el futuro mismo de nuestra democracia. Esta reforma judicial, tan urgente como necesaria, se presenta como un experimento con resultados inciertos. ¿Un paso hacia adelante o un tropiezo en el camino? La premura, una vez más, parece haberle ganado a la profundidad, dejando un sistema vulnerable a las fallas y con el peso de la incertidumbre sobre sus hombros.
La polarización, ese fantasma que acecha a nuestra sociedad, se manifiesta también en este escenario. Mientras algunos celebran la elección del Poder Judicial como un logro sin precedentes, otros la condenan como un golpe mortal a una democracia aún en ciernes. Dos visiones extremas que nos obligan a buscar un punto medio, un espacio de reflexión donde podamos analizar con objetividad el panorama y tomar decisiones informadas.
Ante esta realidad ineludible, nos encontramos en una encrucijada. Votar, sí, pero con la responsabilidad que implica conocer a fondo a quienes elegimos, investigando sus trayectorias, sus posturas y sus compromisos. Abstenerse, también es una opción, pero con la consciencia de que la baja participación puede favorecer al voto corporativo y, por ende, al oficialismo. El dilema nos invita a la reflexión, a la acción informada y al compromiso con un futuro donde la justicia sea el pilar fundamental de nuestra sociedad.
El Ejecutivo y el Legislativo, por su parte, también tienen un papel crucial en este proceso. Deben actuar con sensatez y humildad, escuchando la voz del pueblo y reconociendo que una baja participación ciudadana es un llamado a la revisión, a la reconsideración y a la búsqueda de un sistema que realmente represente los intereses de todos los mexicanos. La reforma judicial, en su forma actual, es un experimento que requiere un seguimiento constante, una evaluación rigurosa y la disposición a realizar ajustes en caso de ser necesario. El futuro del Poder Judicial, y por ende, el futuro de México, depende de la capacidad de nuestros líderes para actuar con responsabilidad y visión de largo plazo.
La participación ciudadana, en cualquiera de sus formas, es fundamental. Ya sea a través del voto informado o del análisis crítico de las propuestas y los candidatos, cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar en la construcción de un Poder Judicial independiente, imparcial y comprometido con la justicia. Este es un llamado a la responsabilidad cívica, a la participación activa y a la defensa de la democracia. El futuro está en nuestras manos.
Fuente: El Heraldo de México