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28 de mayo de 2025 a las 05:50

El alimento más adictivo

¿Alguna vez has sentido una necesidad irresistible de comer queso, aunque ya hayas cenado? No estás solo. Un reciente estudio de la Universidad de Michigan ha desatado una ola de interés –y quizás un poco de culpabilidad– al revelar que el queso puede ser tan adictivo como ciertas drogas. Aunque la comparación con sustancias como la cocaína o el crack pueda parecer exagerada, la ciencia detrás del estudio nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con este popular lácteo.

La clave de esta adicción, según los investigadores, reside en una proteína llamada caseína, presente en todos los productos lácteos, pero especialmente concentrada en el queso. Durante la digestión, la caseína se descompone en casomorfinas, compuestos que interactúan con los receptores opioides de nuestro cerebro. Estos receptores son los mismos que se activan con sustancias como la morfina, generando sensaciones de placer y bienestar. De ahí la irresistible atracción que muchos sentimos hacia un buen trozo de queso.

Pero la cosa no acaba ahí. Las casomorfinas también estimulan la liberación de dopamina, el neurotransmisor asociado con el sistema de recompensa del cerebro. Este sistema es el responsable de las sensaciones placenteras que experimentamos al realizar actividades como comer, beber o tener relaciones sexuales, y es también el que juega un papel crucial en las adicciones. Al activar la liberación de dopamina, el queso refuerza el deseo de consumirlo, creando un círculo vicioso que puede resultar difícil de romper.

El estudio, que inicialmente investigaba la adicción a los alimentos ultraprocesados, ha puesto de manifiesto una realidad preocupante: nuestra alimentación moderna, rica en productos diseñados para maximizar el placer y el consumo, puede estar contribuyendo a una epidemia de obesidad. Los investigadores proyectan que para 2030, el 85% de la población estadounidense tendrá sobrepeso u obesidad, un dato alarmante que exige una reevaluación de nuestras estrategias para combatir este problema.

La Dra. Nicole Avena, coautora del estudio, señala que estos hallazgos podrían revolucionar la forma en que abordamos el tratamiento de la obesidad. En lugar de centrarnos únicamente en la restricción calórica, deberíamos considerar la aplicación de métodos similares a los utilizados para tratar adicciones a sustancias como el tabaco, el alcohol o las drogas. Esto implica reconocer que la obesidad, en muchos casos, no es simplemente un problema de falta de voluntad, sino una compleja interacción entre factores biológicos, psicológicos y ambientales.

La investigación sobre la adicción a la comida aún está en sus primeras etapas, pero este estudio nos proporciona una valiosa pieza del rompecabezas. Comprender los mecanismos neuroquímicos que subyacen a nuestra relación con la comida, en particular con alimentos como el queso, es fundamental para desarrollar estrategias más efectivas para combatir la obesidad y promover una alimentación saludable. Mientras tanto, quizás sea un buen momento para reflexionar sobre nuestros hábitos alimenticios y preguntarnos: ¿Realmente controlamos nuestro consumo de queso, o es el queso el que nos controla a nosotros?

Fuente: El Heraldo de México