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28 de mayo de 2025 a las 09:25

Descubre tus libertades

La incomodidad del poder ante las universidades no es un fenómeno nuevo. A lo largo de la historia, estos espacios de pensamiento crítico y libre intercambio de ideas han representado un desafío para aquellos que buscan controlar la narrativa y moldear la sociedad a su imagen y semejanza. El poder, en su esencia, busca la obediencia, la uniformidad, la adhesión incondicional a un dogma. Las universidades, por el contrario, promueven la libertad de pensamiento, el cuestionamiento, la búsqueda de la verdad a través del debate y la confrontación de ideas. Es una contradicción inherente, un choque de paradigmas que inevitablemente genera tensiones y conflictos.

Personajes como Donald Trump, acostumbrados a la disciplina férrea de sus seguidores y al acatamiento sin cuestionamientos, se ven sorprendidos y descolocados ante el espíritu crítico y la independencia intelectual que se cultiva en las universidades. Para ellos, es más cómodo dar órdenes que debatir, imponer su visión del mundo que escuchar y comprender otras perspectivas. Su enfoque transaccional, propio del mundo empresarial, choca frontalmente con la esencia misma de la academia, donde la búsqueda del conocimiento y la verdad trascienden las lógicas del mercado. Creen, erróneamente, que pueden doblegar a estas instituciones con las mismas tácticas que utilizan en el mundo de los negocios, sin comprender que el valor de una universidad reside precisamente en su independencia y en su resistencia a presiones externas. Instituciones como Harvard, con una larga trayectoria de resistencia a embates de diversa índole, sabrán capear este nuevo temporal y añadirán este episodio a su rica historia.

El ataque a las universidades es, en última instancia, un ataque a la libertad de pensamiento. Así lo constata José Luis Rodríguez Zapatero, quien ha sido testigo directo de cómo los regímenes autoritarios ven en la academia una amenaza a su poder. La historia está plagada de ejemplos: desde la quema de libros por los nazis hasta la persecución de intelectuales en las dictaduras latinoamericanas, el poder siempre ha intentado silenciar las voces disidentes que se alzan desde las aulas universitarias.

Frente a la oscuridad y la represión, la imaginación se convierte en un arma poderosa. La experiencia de Azar Nafisi en Irán, narrada en su conmovedor libro "Leer Lolita en Teherán", ilustra a la perfección cómo la literatura y el diálogo pueden ser un refugio y una forma de resistencia ante la opresión. En un contexto de restricciones crecientes a la libertad de cátedra, Nafisi transformó su sala de estar en un espacio de libertad, donde un grupo de estudiantes, todas mujeres, se reunían semanalmente para leer y debatir obras literarias prohibidas por el régimen. En ese pequeño oasis de libertad, desafiaban la censura y la represión, cultivando el pensamiento crítico y la imaginación en un ambiente de camaradería y sororidad.

Las mejores ideas, como bien señala Nafisi, no surgen de la imposición o la propaganda, sino del intercambio libre y respetuoso de ideas. No nacen de la voz única y omnipresente del poder, sino de la pluralidad de voces que se entrelazan en el debate y la discusión. No se gestan en la superficialidad de las redes sociales, sino en la profundidad de la reflexión y el análisis crítico.

La belleza y la perfección del arte, como apunta Nafisi, son en sí mismas un acto de rebeldía contra la fealdad y la miseria del mundo. Y las universidades, como espacios donde se cultiva el arte y el conocimiento, son por extensión un acto de insubordinación contra la ignorancia y la opresión. Quienes han tenido la fortuna de experimentar la magia de un aula universitaria, quienes han sido testigos del poder transformador del conocimiento y el diálogo, comprenden a cabalidad el valor incalculable de estas instituciones y la necesidad de defenderlas frente a cualquier intento de silenciamiento. La defensa de las universidades es, en definitiva, la defensa de la libertad y el futuro de nuestras sociedades.

Fuente: El Heraldo de México