28 de mayo de 2025 a las 09:45
Aterriza tus sueños
El Nuevo Éxodo por la Democracia ha culminado su travesía de ocho semanas, un periplo que nos ha llevado a recorrer los rincones de este país, para finalmente regresar al sur, a Guerrero, Oaxaca y Chiapas. Volver al sur es volver a la raíz, a la tierra que nos nutre y nos recuerda de dónde venimos. Es en Guerrero donde la patria resuena con mayor fuerza, como un eco del pasado que se proyecta en el presente. Vicente Guerrero lo proclamó, y cada historia susurrada entre las montañas guerrerenses lo confirma. En Ayotzinapa, el silencio es un grito desgarrador que exige justicia. En Taxco, la plata deslumbra, sí, pero el verdadero brillo reside en la calidez y la fortaleza de su gente.
Oaxaca nos recibe con un abrazo de colores vibrantes, colores que no son producto de una moda pasajera, sino el legado de una rica tradición que se teje y se talla en cada rincón. Los Valles Centrales, cuna de la cultura zapoteca, nos muestran la fuerza de una identidad que se niega a desaparecer. Juchitán, bastión de mujeres valientes, nos recuerda que la participación ciudadana no se limita a un voto, sino que construye historia día a día. En más de 400 municipios oaxaqueños, la democracia no es una promesa vacía, sino una práctica constante, un compromiso inquebrantable.
Y llegamos a Chiapas, mi Chiapas, tierra de magia y resistencia. En Tapachula, la justicia no puede ser una quimera, debe ser una realidad tangible para todos. Izapa, con sus piedras milenarias, nos susurra historias de un pasado glorioso. En Talismán, la frontera se convierte en el punto de partida de un nuevo día, un recordatorio de la importancia de la soberanía y la unidad nacional. Unión Juárez, tierra de café y dignidad, nos enseña que el trabajo honesto y la perseverancia son los cimientos de un futuro próspero. Comitán, testigo de la unión voluntaria de Chiapas a México, nos habla de la importancia de la decisión propia y la autodeterminación. San Cristóbal de las Casas, escenario del levantamiento de 1994, nos recuerda la pluralidad de voces que conforman nuestro país y la necesidad de escucharlas a todas, exigiendo justicia en cada una de las lenguas que resuenan en este territorio.
Este viaje no termina aquí. Volver a la tierra no significa detenerse, sino recordar el propósito que nos impulsa a seguir caminando. Si el sur, con su riqueza cultural y su profunda historia, aporta tanto a la nación, su voz merece ser escuchada con atención y respeto. Una voz que se alza con valentía, arraigada en la tierra y llena de dignidad. Una voz que exige ser parte fundamental de la construcción de un México más justo y democrático para todos. Un México donde la justicia no sea un privilegio, sino un derecho inalienable. Un México donde la democracia se viva y se respire en cada rincón, desde las grandes ciudades hasta las comunidades más remotas. Un México donde la voz del sur, con su fuerza y su sabiduría ancestral, ilumine el camino hacia un futuro mejor.
Fuente: El Heraldo de México