28 de mayo de 2025 a las 03:20
Abuelita asesinada en su hogar en Colima
La tranquilidad de la tarde del 27 de mayo en la colonia Tabachines, en Villa de Álvarez, se vio brutalmente interrumpida por la violencia. Un ataque armado en una vivienda dejó una escena desgarradora: una mujer de 67 años perdió la vida, víctima de las balas, mientras que dos menores, de tan solo 5 y 10 años, resultaron heridos. La noticia, como una onda expansiva, ha sacudido a la comunidad, generando una ola de indignación y dolor.
La Fiscalía General del Estado, con la premura que exige la situación, ha iniciado una carpeta de investigación para esclarecer este atroz crimen. Se busca, con la mayor celeridad posible, dar con los responsables y llevarlos ante la justicia. Sin embargo, la información aún es escasa. Las autoridades, con la cautela propia de una investigación en curso, no han revelado la identidad de la víctima ni los posibles móviles del ataque. Este silencio, comprensible desde el punto de vista legal, alimenta la incertidumbre y la angustia entre los vecinos de Tabachines, quienes exigen respuestas y justicia.
La tragedia se agranda al conocer la situación de los dos menores. Presenciar un acto de tal violencia a tan corta edad deja huellas imborrables. Si bien sus heridas físicas, afortunadamente, no ponen en riesgo sus vidas – uno sufrió heridas por fragmentos de lentes y el otro una lesión en el pie por el roce de un proyectil – el daño psicológico puede ser profundo. Se espera que reciban la atención médica y psicológica necesaria para superar este traumático episodio. ¿Qué tipo de apoyo se les brindará a largo plazo? ¿Cómo se les protegerá de la revictimización? Estas son preguntas que la sociedad debe plantearse.
Este hecho de violencia nos obliga, una vez más, a reflexionar sobre la seguridad en nuestras comunidades. ¿Qué medidas se están tomando para prevenir estos ataques? ¿Cómo podemos, como sociedad, contribuir a la construcción de un entorno más seguro para nuestros niños y adultos mayores? La respuesta no es sencilla, pero el diálogo y la acción conjunta son imprescindibles. No podemos permitir que la violencia se normalice. Debemos exigir a las autoridades que se implementen políticas públicas efectivas que garanticen la seguridad de todos los ciudadanos.
La colonia Tabachines, hoy conmocionada por la tragedia, se convierte en un símbolo de la lucha contra la violencia. La memoria de la víctima y la esperanza de la recuperación de los menores deben impulsarnos a trabajar por un futuro donde la paz y la seguridad sean una realidad para todos. No podemos quedarnos en la indignación. Debemos convertir el dolor en acción. Exigir justicia, sí, pero también participar activamente en la construcción de una sociedad más justa y pacífica. El futuro de nuestros hijos depende de ello.
Fuente: El Heraldo de México