28 de mayo de 2025 a las 09:35
Abstención: ¿Un voto perdido?
La maquinaria política se ha puesto en marcha, con el ruido ensordecedor de sus engranajes intentando convencernos de la importancia de nuestra participación el próximo domingo. Nos hablan de un deber cívico, de la responsabilidad que tenemos como ciudadanos de elegir a quienes impartirán justicia. Pero, ¿qué sucede cuando la elección se percibe no como una decisión libre, sino como un guion ya escrito, una obra de teatro donde los actores principales ya han sido elegidos entre bambalinas?
La sensación de desencanto se extiende como una sombra sobre el proceso electoral. Se nos convoca a las urnas, pero el eco de la pregunta “¿para qué?” resuena con fuerza en muchos de nosotros. ¿Tiene sentido participar en un juego donde las cartas están marcadas? ¿Vale la pena invertir nuestro tiempo y energía en una elección que, para muchos, ya ha sido decidida?
El fantasma de la imposición se cierne sobre la legitimidad de los resultados. Si la participación ciudadana es baja, ¿qué peso tendrán las voces de quienes sí acudan a votar? ¿Podrán considerarse realmente representativos de la voluntad popular? La historia nos ha mostrado ejemplos de cómo la abstención masiva puede ser una forma de protesta, un grito silencioso que busca sacudir las estructuras de poder. ¿Será este el caso? ¿Logrará la apatía ciudadana generar un cambio real o simplemente se interpretará como una validación tácita del proceso?
Las irregularidades denunciadas, la falta de un árbitro imparcial y la opacidad que rodea el conteo de votos alimentan la desconfianza. Se habla de "entusiasmo" por participar como observadores electorales, pero la cifra desproporcionada levanta sospechas. ¿Se trata de una genuina participación ciudadana o de una estrategia para maquillar un proceso viciado?
Mientras tanto, los candidatos, algunos con pasados cuestionables, avanzan en la contienda. Sus nombres resuenan en los medios, pero la información que se nos ofrece parece insuficiente para tomar una decisión informada. Se nos insta a elegir, pero ¿cómo hacerlo con la certeza de que estamos eligiendo a los más idóneos, a aquellos que verdaderamente defenderán los intereses de la justicia y no los de un grupo en particular?
La incertidumbre se agudiza con la nueva metodología para el conteo de votos. La ausencia de transparencia, la falta de información en tiempo real y la posibilidad de manipulación de las boletas generan una profunda inquietud. ¿Estamos ante un verdadero ejercicio democrático o ante una simulación? ¿Se respetará la voluntad popular o se impondrá la voluntad de unos pocos?
El domingo se presenta como un día crucial, no solo para el futuro del Poder Judicial, sino también para el futuro de la democracia en nuestro país. La decisión de participar o no es una decisión personal, una decisión que debe tomarse con responsabilidad y con plena conciencia de las implicaciones que conlleva. ¿Acudiremos a las urnas para validar un proceso cuestionado o nos mantendremos al margen como una forma de protesta? El tiempo lo dirá. El futuro está en nuestras manos, o quizás, en nuestra abstención.
Fuente: El Heraldo de México