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27 de mayo de 2025 a las 09:55

Trump vs. Pobres: ¿Un nuevo impuesto?

La avaricia de Donald Trump no conoce límites. No conforme con criminalizar a la comunidad migrante, ahora pretende exprimirles hasta el último centavo con un impuesto doble a las remesas. Un golpe bajo a quienes, con su trabajo incansable, sostienen no solo a sus familias en sus países de origen, sino también a la economía estadounidense. Este nuevo atropello revela la hipocresía de un sistema que se alimenta del esfuerzo migrante, pero que se niega a reconocer sus derechos.

Trump, con su habitual demagogia, busca culpar a los migrantes de los problemas del "sueño americano", un sueño que, irónicamente, se construye sobre los hombros de quienes él desprecia. Mientras se ensaña con los más vulnerables, baja la cabeza ante potencias como China y Rusia, demostrando una vez más su cobardía y falta de principios.

La propuesta de gravar con un impuesto las remesas, inicialmente del 5% y luego "reducido" al 3.5% gracias a la intervención de la diplomacia mexicana, es un insulto a la dignidad de millones de latinoamericanos. Es un impuesto doble, pues estos trabajadores ya contribuyen al fisco estadounidense con los impuestos que pagan sobre sus salarios, compras y consumos. Este dinero, fruto del sacrificio y la nostalgia, no le pertenece a Trump ni a su gobierno. Representa la esperanza de un futuro mejor para familias que luchan por salir adelante en sus países de origen.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha alzado la voz con firmeza, denunciando esta medida como inconstitucional, discriminatoria y violatoria del Tratado Fiscal Bilateral entre México y Estados Unidos. Ha hecho un llamado a la unidad, instando a senadores mexicanos y a organizaciones de migrantes en Estados Unidos a movilizarse contra esta injusticia. Sheinbaum ha dejado claro que no se trata solo de un asunto económico, sino de una cuestión de dignidad y humanidad.

Recordemos las palabras de la presidenta: en México, cerca de 14 millones de familias dependen de estas remesas, que promedian los 350 dólares mensuales. Este dinero no alimenta la especulación ni el lujo, sino que llega a los hogares más humildes, a comunidades donde a menudo es la única fuente de ingreso. ¿Cómo puede Trump, en su afán de lucro, atentar contra la supervivencia de tantas familias?

El cineasta Sergio Arau, en su película "Un día sin mexicanos", retrató con maestría la importancia vital de la comunidad migrante en Estados Unidos. Si estos trabajadores decidieran detener sus labores por un solo día, el país se paralizaría. Son la columna vertebral invisible de la economía, la agricultura, el comercio y los servicios. Sin embargo, la soberbia y el racismo de Trump lo ciegan ante esta realidad.

Mientras golpea a los que menos tienen, su propuesta fiscal protege a los más ricos. No hay nuevos impuestos para las grandes fortunas ni para las élites financieras. En cambio, se recortan becas, gastos en salud y programas sociales. Una reforma pensada para beneficiar a sus donantes y a los arquitectos de su regreso al poder.

Trump no busca justicia fiscal, busca propaganda y el aplauso de quienes financian su ambición. Quiere castigar a los invisibles, a quienes no votan pero sí trabajan. Quiere lucrar con la solidaridad convertida en remesa. El daño sería devastador: más pobreza, más migración forzada, más familias rotas.

No podemos permitir este atropello. Debemos alzar la voz y unirnos en la defensa de los derechos de la comunidad migrante. Esta no es solo una batalla económica, es una batalla ética. Ni un dólar menos para quienes sostienen a sus familias con su esfuerzo desde la distancia. No al impuesto de la vergüenza y al abuso institucionalizado.

Fuente: El Heraldo de México