27 de mayo de 2025 a las 12:45
Ocotlán celebra 100 años de sueños
El legado de Rodolfo Morales, a tres décadas de su regreso definitivo a Oaxaca, trasciende la mera producción artística. Su figura, catapultada a la fama en los 80 junto a Francisco Toledo, durante el auge de la pintura oaxaqueña, se distingue no sólo por su talento pictórico, reconocido y apoyado por el maestro Rufino Tamayo, sino también por su profunda vocación filantrópica y su compromiso inquebrantable con la revitalización de su tierra natal.
Morales, al igual que Toledo, comprendió la importancia de retribuir a la comunidad que lo vio nacer. El éxito comercial que cosechó con su obra, lejos de alimentar un afán individualista, se convirtió en la herramienta para materializar un sueño colectivo: el rescate y la promoción del patrimonio cultural oaxaqueño. Sus esfuerzos, impulsados por una visión integral, se extendieron más allá de la preservación de templos e iglesias, abarcando la revitalización de oficios tradicionales como la herrería, el estofado en oro y la ebanistería fina. No se conformó con restaurar la grandeza arquitectónica del pasado, sino que buscó empoderar a los habitantes de las comunidades, convirtiéndolos en protagonistas activos de la recuperación de su propio legado.
Su labor filantrópica, cuidadosamente orquestada a través de la fundación que lleva su nombre, fue un testimonio de su visión a largo plazo. La adquisición de casas antiguas en el centro de Oaxaca no sólo representaba un acto de preservación arquitectónica, sino que se convertía en una estrategia para asegurar la sostenibilidad de sus proyectos culturales y sociales, incluso después de su partida. Imaginó un futuro donde la cultura y la educación florecieran en Oaxaca, nutridas por los frutos de su propio trabajo.
La figura de Rodolfo Morales se dibuja así con trazos que van más allá del lienzo. Se revela como un artista comprometido con su tiempo y su espacio, un mecenas que invirtió su fortuna en el desarrollo de su comunidad y un visionario que supo construir un legado que perdura hasta nuestros días. Mientras Oaxaca celebra su memoria con conciertos, festivales y un sinfín de actividades artísticas, la ausencia de homenajes en la Ciudad de México, confirmada por el INBAL, nos invita a reflexionar sobre la importancia de reconocer y valorar las contribuciones de aquellos que, como Morales, dedicaron su vida a enriquecer el tejido cultural de nuestro país. Su ejemplo, un llamado a la acción para las nuevas generaciones de artistas y gestores culturales, nos recuerda que el arte, en su máxima expresión, trasciende la individualidad para convertirse en un motor de transformación social.
Es imperativo que la memoria de Rodolfo Morales no se limite a las fronteras de Oaxaca. Su historia, un ejemplo de compromiso y generosidad, merece ser difundida y celebrada en todo el país. Es una historia que nos habla del poder transformador del arte, de la importancia de la filantropía y del valor incalculable del patrimonio cultural. Una historia que, en definitiva, nos inspira a construir un futuro más justo y equitativo a través de la cultura.
Fuente: El Heraldo de México