28 de mayo de 2025 a las 02:25
Explosión de vela deja a mujer con graves quemaduras
La tranquilidad de un domingo por la tarde se transformó en una pesadilla para Marnie Hobbs, una residente de Southampton de 52 años. Lo que comenzó como un simple gesto de encender una pequeña vela aromática, de esas que prometen calidez y serenidad, terminó en una dolorosa experiencia que la marcó física y emocionalmente. Imaginen la escena: un aroma suave perfuma el aire, una luz tenue crea un ambiente acogedor… y de repente, un sonido extraño, un chisporroteo inusual que rompe la armonía. Ese fue el primer aviso, la señal de que algo andaba mal.
Marnie, con la prudencia que dicta el sentido común, decidió llevar la vela al exterior de su hogar. Un acto reflejo, un intento de evitar cualquier posible incidente. Sin embargo, este movimiento, en lugar de alejar el peligro, lo precipitó. La llama, como avivada por una fuerza invisible, se intensificó en el preciso instante en que la vela cruzaba el umbral de la puerta. Lo que siguió fue una explosión, un estallido repentino que proyectó cera hirviendo sobre el rostro y el pecho de Marnie. El dolor debió ser insoportable, una quemadura que se grababa a fuego en su piel.
La rápida intervención de los servicios médicos fue crucial. Trasladada de urgencia a un hospital cercano, Marnie recibió la atención necesaria para mitigar la gravedad de las quemaduras, clasificadas como de segundo grado. A pesar de la pronta asistencia, las secuelas físicas y emocionales persisten. A más de una semana del incidente, ocurrido el pasado 2 de abril, Marnie aún se recupera de las lesiones. El rostro, espejo del alma, lleva las marcas de aquel fatídico día.
Este incidente, aparentemente aislado y casi inverosímil, ha generado inquietud entre los consumidores de velas aromáticas, un producto ampliamente utilizado para crear ambientes relajantes y perfumar los hogares. ¿Qué falló? ¿Fue un defecto de fabricación? ¿Una reacción inesperada? Las preguntas se multiplican ante la negativa de los fabricantes a asumir cualquier responsabilidad. Marnie, por su parte, recuerda con detalle el momento de la compra: un paquete de 25 velas por tan solo 2.5 libras esterlinas en una tienda local de Eastleigh. Un precio irrisorio que contrasta con el alto costo de las consecuencias.
La historia de Marnie Hobbs nos invita a reflexionar sobre la seguridad de los productos que consumimos a diario, incluso aquellos que parecen inofensivos. Nos recuerda la importancia de estar alerta ante cualquier señal de alarma, por pequeña que parezca. Y, sobre todo, nos interpela sobre la responsabilidad de los fabricantes en garantizar la seguridad de sus productos y la necesidad de una respuesta adecuada ante incidentes como este. ¿Será este un caso aislado o la punta del iceberg de un problema mayor? El tiempo, y las investigaciones pertinentes, lo dirán. Mientras tanto, la experiencia de Marnie sirve como una dolorosa advertencia.
Fuente: El Heraldo de México