27 de mayo de 2025 a las 09:55
El juicio del mono: ¡Vuelve el debate!
Un siglo ha transcurrido desde el mediático "juicio del mono" que condenó a John Scopes por enseñar la teoría de la evolución. Hoy, ese eco resuena con una fuerza inquietante en el contexto del resurgimiento de un nacionalismo conservador que, bajo el liderazgo de Donald Trump, busca redefinir el panorama educativo estadounidense. La coincidencia temporal no es casualidad, sino un reflejo de un ciclo histórico que se repite, con la sombra del control ideológico planeando sobre la academia.
La ofensiva contra las universidades, acusadas de ser bastiones del liberalismo y la "corrupción intelectual", se presenta con una retórica similar a la utilizada hace un siglo. En aquel entonces, la ciencia y la razón se enfrentaban al dogma religioso. Ahora, el discurso se centra en la supuesta discriminación contra estudiantes conservadores y cristianos blancos, obviando el papel fundamental que estas instituciones han jugado en el desarrollo científico y tecnológico del país. Es una narrativa que busca deslegitimar el conocimiento crítico y el pensamiento independiente, presentándolos como amenazas a un orden preestablecido.
Las universidades americanas, con su innegable poderío económico y su tradición de libertad intelectual, han sido históricamente un imán para las mentes más brillantes del mundo. Desde Albert Einstein hasta Enrico Fermi, la lista de migrantes que han contribuido al progreso científico estadounidense es abrumadora. El 35% de los premios Nobel otorgados a Estados Unidos son un testimonio palpable de esta realidad. Sin embargo, este crisol de culturas y perspectivas es precisamente lo que la derecha nacionalista cristiana busca desmantelar.
Figuras como J.D. Vance, actual vicepresidente, han expresado abiertamente su deseo de "destruir" las universidades, calificando a los profesores como "el enemigo". Este discurso beligerante, que demoniza a la comunidad académica, crea un clima de hostilidad y desconfianza que erosiona los cimientos del debate intelectual. La presión ejercida por el gobierno Trump para eliminar los programas de diversidad, equidad e inclusión, bajo el pretexto de favorecer a estudiantes blancos "mejor calificados", es una muestra clara de esta estrategia.
La retórica contra la admisión de estudiantes extranjeros, utilizando como excusa las protestas contra la ocupación israelí de Gaza, añade otra capa de complejidad a este panorama. Se trata de una instrumentalización política que busca restringir el intercambio académico y cultural, aislando a las universidades estadounidenses del mundo.
La "segunda revolución americana" que promueve la Fundación Heritage, núcleo ideológico del trumpismo, se presenta como una cruzada para "recuperar el país". Pero, ¿recuperarlo de qué? ¿De la diversidad? ¿Del progreso científico? ¿Del pensamiento crítico? La respuesta parece apuntar a un pasado idealizado, donde la homogeneidad cultural y el dogma religioso prevalecían sobre la libertad de pensamiento.
El "juicio del mono", aunque aparentemente una victoria para los conservadores de la época, no logró detener el avance del conocimiento científico. La teoría de la evolución, a pesar de la censura, se consolidó como un pilar fundamental de la biología. La pregunta que nos queda hoy es si la historia se repetirá. ¿Logrará este nuevo embate contra la libertad académica frenar el progreso y sumir a las universidades en la oscuridad del dogma? La respuesta, como hace cien años, está en la defensa férrea del conocimiento, la razón y la libertad de pensamiento. La batalla por el futuro de la educación, y por ende, del país, apenas comienza.
Fuente: El Heraldo de México