27 de mayo de 2025 a las 09:55
Domina tus miedos: Vence las alturas
La Ciudad de México, una urbe imponente a 2,250 metros sobre el nivel del mar, siempre ha representado un desafío singular para los atletas. Mucho antes de que el eco de los disparos de salida resonara en los Juegos Olímpicos de 1968, la altitud de la capital mexicana ya generaba inquietud, un temor palpable que se extendía desde los corredores locales hasta las figuras internacionales, tanto profesionales como aficionados. El anuncio de que la ciudad azteca albergaría la magna justa deportiva desató una ola de especulaciones y preocupaciones entre los maratonistas. No era solo la altitud lo que les quitaba el sueño; el clima, el horario vespertino de la competencia y esos últimos 4 kilómetros en ascenso se sumaban a la lista de adversidades. El fantasma del abandono, la posibilidad de no cruzar la meta, se cernía sobre ellos, más amenazante incluso que la perspectiva de una marca deslucida.
En aquel contexto, el mundo entero contenía la respiración, expectante ante la posibilidad de presenciar una hazaña histórica: ¿Podría el etíope Abebe Bikila, leyenda viviente del maratón, conquistar su tercera medalla de oro consecutiva en México? Ocho años después de su victoria descalza en Roma y cuatro tras repetir la gesta, ya con calzado, en Tokio, Bikila se enfrentaba a un nuevo desafío, una prueba de resistencia en la altura de la capital mexicana. Junto a sus compatriotas Mamo Wolde y Merawi Gebru, Bikila encabezaba la lista de favoritos. La teoría, al menos, jugaba a su favor: la altitud de la Ciudad de México, similar a la de su Etiopía natal, debía ser una ventaja.
Sin embargo, la realidad en las calles de la ciudad era otra. El resto de los competidores, incluido el plusmarquista mundial Derek Clayton, sentían el peso de la altitud sobre sus pulmones. El aire ligero, bendecido por los dioses para el salto de longitud –como demostraría el histórico salto de 8.90 metros de Bob Beamon–, se convertía en una condena para los fondistas. El 20 de octubre, a las tres de la tarde, con el termómetro marcando 23 grados centígrados, 75 corredores partieron del Zócalo. De ellos, solo 57 lograron alcanzar la meta en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Entre los ausentes, una figura resonaba con especial fuerza: Abebe Bikila, el gran favorito, se vio obligado a abandonar la competencia en el kilómetro 17 debido a una lesión. Un año después, el héroe de Roma sufriría un accidente automovilístico que lo dejaría en silla de ruedas, un trágico preludio a su fallecimiento en octubre de 1973, a la temprana edad de 41 años.
Los cronómetros no mentían: el tiempo promedio de los 10 primeros lugares fue 10 minutos más lento que sus registros personales, confirmando los temores previos a la competencia. La victoria fue para Mamo Wolde, quien con un tiempo de 2:20:27 demostró la ventaja de vivir y entrenar en altitud. Una semana antes, Wolde ya había conquistado la plata en los 10,000 metros. Su compatriota Merawi Gebru llegó en sexto lugar. Por el lado mexicano, Alfredo Peñaloza y Pablo Garrido cruzaron la meta en el 13° y 26° lugar, respectivamente.
La experiencia de los atletas olímpicos en México 68 sirve como un recordatorio del desafío que representa la altitud para el rendimiento deportivo. Si las figuras de élite experimentaban aprehensión ante los 2,250 metros de la Ciudad de México, es comprensible que los corredores aficionados sientan lo mismo. El boliviano Héctor Garibay, quien en 2023 rompió el récord del Maratón de la Ciudad de México con un impresionante tiempo de 2:08:25, reconoció la dificultad impuesta por la altitud: "El de México fue el más difícil y complicado, porque los otros maratones los he corrido a nivel del mar… pero en México había 2 mil 250 metros de altura, y aunque pocos lo crean, eso complica".
Para los corredores recreativos que se enfrentan a competencias en altitud, la preparación es clave. Trotar o caminar en la montaña se convierte en una estrategia fundamental para mejorar el transporte de oxígeno a los músculos y mitigar el impacto de la altura el día de la carrera. Dos consejos esenciales para correr en las alturas: mantener un ritmo moderado y una hidratación constante. Con la preparación adecuada, la altitud, ese obstáculo formidable, puede ser domesticada, permitiendo disfrutar de la experiencia única de correr en las alturas.
Fuente: El Heraldo de México