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27 de mayo de 2025 a las 18:10
Director de primaria, sospechoso de asesinato de maestra
La tragedia ha golpeado a la comunidad educativa de Parral, Chihuahua, dejando una estela de dolor e indignación. Lucero Zapién, una maestra de 46 años dedicada a formar las mentes del futuro en la Escuela Normal Experimental "Miguel Hidalgo", fue encontrada sin vida en su hogar. El escenario del crimen, su propio baño, refleja la brutalidad del acto: heridas de arma blanca en el cuello, golpes contundentes en la cabeza y signos de estrangulamiento pintan un cuadro desgarrador. Las autoridades no tardaron en activar el protocolo de feminicidio, un sombrío recordatorio de la violencia que sigue acechando a las mujeres en nuestro país.
El dedo acusador apunta directamente a su exesposo, Gustavo Alonso N, director de una primaria en Jiménez. No se trata de una simple sospecha, sino de un individuo con antecedentes de violencia. Días antes del fatídico suceso, Lucero lo había denunciado por intento de feminicidio, un grito desesperado que lamentablemente no fue escuchado a tiempo. Las cámaras de seguridad, testigos silenciosos de la tragedia, registraron el vehículo de Gustavo Alonso N en la vivienda de Lucero la noche del 20 de mayo. Dos largas horas permaneció en el lugar antes de retirarse, un lapso que coincide con el horror que se desató dentro de la casa.
La historia de Lucero no es un caso aislado, sino un reflejo de una realidad dolorosa. Una semana antes de su muerte, había denunciado a su expareja por agresiones físicas y psicológicas, incluso por intentar prenderle fuego tras rociarla con gasolina. Un acto de barbarie que, a pesar de su gravedad, no fue suficiente para que se dictara prisión preventiva contra el agresor. La libertad condicional que se le otorgó, se convirtió en la antesala de la tragedia que hoy lamentamos.
El hallazgo del cuerpo fue realizado por los familiares de Lucero, quienes encontraron el portón de la casa forzado, presagio del horror que encontrarían en el interior. La ausencia de Lucero en su lugar de trabajo alertó a sus compañeros, quienes dieron aviso a las autoridades. El informe forense, con la frialdad de los datos técnicos, confirmó la brutalidad del crimen: traumatismo craneoencefálico, un surco equimótico en el cuello y una herida punzocortante bajo la barbilla. Marcas indelebles de la violencia que apagó la vida de una mujer dedicada a la educación.
Tras el homicidio, Gustavo Alonso N desapareció de su puesto de trabajo en la primaria que dirigía, una huida que refuerza las sospechas que pesan sobre él. La Fiscalía de Chihuahua ha emitido una orden de aprehensión y se encuentra trabajando para dar con su paradero y llevarlo ante la justicia. La Fiscalía Especializada en Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género y a la Familia (FEM) ha confirmado la causa de la muerte, pero la justicia verdadera llegará cuando el responsable sea capturado y pague por el crimen que ha cometido. El caso de Lucero Zapién es un llamado urgente a la sociedad y a las autoridades para fortalecer los mecanismos de protección a las mujeres víctimas de violencia y garantizar que ninguna otra vida sea arrebatada por la impunidad y la indiferencia. Es una deuda pendiente que tenemos como sociedad, una promesa de justicia que debemos cumplir en memoria de Lucero y de todas las mujeres que han sido silenciadas por la violencia.
Fuente: El Heraldo de México