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26 de mayo de 2025 a las 09:35

Supera Tu Trauma

El trauma, esa palabra que resuena con la fuerza de una herida antigua, proveniente del griego, nos habla de la marca que ciertos eventos dejan en nuestra alma. En la actualidad, se habla cada vez más de la importancia de sanar estas heridas emocionales que nos impiden desplegar nuestro auténtico ser. Si trazamos un paralelismo entre las heridas físicas y las emocionales, podemos observar similitudes reveladoras. Un raspón, por ejemplo, es una herida física, pero no siempre deja una cicatriz permanente o un dolor recurrente que nos recuerde el incidente. Muchos raspones sanan con el tiempo y cuidados básicos, desapareciendo casi sin dejar rastro.

Sin embargo, a veces, lo que parece un simple raspón emocional puede convertirse en un trauma inexplicable. Una herida que persiste, dejando una huella profunda que se niega a sanar, a veces durante toda una vida. Los estudios revelan que factores personales, incluyendo la genética y la falta de atención adecuada a la herida inicial, pueden influir en la formación del trauma.

De igual forma, una herida emocional provocada por un evento inesperado, como la pérdida de estabilidad económica, el fallecimiento de un ser querido, un accidente que altera el curso de la vida, o incluso la exposición constante a una fuente de dolor, puede generar un trauma. Imaginemos el sufrimiento de alguien que experimenta una agresión física, mental o emocional de forma repetida. El dolor, el estrés abrumador y la sensación de urgencia pueden desencadenar ansiedad, impulsando a la persona a buscar recursos, internos o externos, para su supervivencia.

Es crucial enfocarnos tanto en el evento doloroso como en las acciones que tomamos para aliviar la herida. Analizar la duración y la repetición de estas acciones nos permitirá identificar si hemos otorgado al evento el poder de un trauma. Un trauma se caracteriza por la dificultad para afrontar situaciones similares en el futuro, generando una desestructuración que impide disfrutar plenamente de nuevas experiencias.

Observemos nuestras respuestas aprendidas ante la vida. ¿Son soluciones rápidas y temporales basadas en la huida, la parálisis o la defensa? Identificar estos patrones es el primer paso hacia el cambio. El poder de transformar nuestra respuesta está en nuestras manos. Podemos elegir afrontar las circunstancias de manera diferente, "tomando al toro por los cuernos". Buscar el apoyo de alguien que nos inspire confianza y seguridad puede ser fundamental en este proceso. Repetir frases empoderadoras, como "Hazlo diferente y alcanza resultados diferentes", puede reforzar nuestra decisión y guiarnos hacia la sanación.

El camino hacia la superación del trauma no es sencillo, pero es posible. Reconocer la herida, comprender su origen y modificar nuestras respuestas aprendidas son pasos esenciales para liberarnos del peso del pasado y construir un futuro más pleno y auténtico. No estamos condenados a repetir los mismos patrones. Tenemos la capacidad de sanar, de crecer y de transformar el dolor en una fuente de fortaleza y resiliencia. El viaje puede ser largo, pero cada paso que damos hacia la sanación nos acerca a la persona que estamos destinados a ser. Recordemos que la ayuda profesional está disponible y puede ser un valioso recurso en este proceso de transformación. No dudemos en buscarla si la necesitamos. El bienestar emocional es un derecho, y buscar apoyo es una muestra de valentía y autocuidado.

Fuente: El Heraldo de México