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26 de mayo de 2025 a las 09:45
Sobrevive a La Peste
La sombra de la peste, como bien la describió Camus, no se limita a la enfermedad física, sino que se extiende a la propia estructura de la sociedad, revelando sus fortalezas y, a menudo con crudeza, sus debilidades. A lo largo de la historia, hemos visto cómo las epidemias, más que las guerras, han redibujado el mapa del mundo, no solo en términos demográficos, sino también económicos, sociales y políticos. Desde la Atenas de Pericles hasta el Imperio Bizantino, pasando por la conquista de América y las trincheras de la Primera Guerra Mundial, la enfermedad ha sido un factor determinante, un silencioso protagonista que ha moldeado nuestro destino colectivo.
El COVID-19, con su secuela de millones de muertes y un impacto económico global sin precedentes, es un recordatorio brutal de esta realidad. No solo nos enfrentamos a la pérdida de vidas humanas, sino a la profundización de las desigualdades, a la acelerada transformación digital, y a una creciente polarización social que amenaza con fracturar el tejido social. El teletrabajo, la inteligencia artificial, son solo algunos ejemplos de los cambios acelerados por la pandemia, cambios que, si bien pueden traer beneficios, también plantean nuevos desafíos que debemos abordar con urgencia.
En este contexto, la aprobación del "Acuerdo de la OMS sobre Pandemias" representa un rayo de esperanza, un paso, aunque tímido, hacia una mayor cooperación internacional. Este acuerdo, fruto de años de negociaciones, busca establecer un marco para la prevención, la preparación y una respuesta más eficaz ante futuras pandemias. El acceso equitativo a vacunas, medicamentos y tecnologías médicas es un elemento central, un principio fundamental para garantizar que todos los países, independientemente de su nivel de desarrollo, puedan enfrentar las amenazas sanitarias globales.
La creación de un "Sistema de Acceso y Reparto de Beneficios de Patógenos" es un avance significativo, un mecanismo que permitirá compartir información crucial para combatir las enfermedades emergentes. La donación del 10% de las vacunas y medicamentos producidos por los países signatarios, junto con la venta de otro 10% a precios asequibles, representa un compromiso tangible con la solidaridad global, un paso importante para reducir la brecha entre las naciones ricas y las naciones pobres.
Sin embargo, el camino hacia una verdadera cooperación internacional en materia de salud aún es largo y está lleno de obstáculos. La abstención de varios países en la votación del acuerdo, argumentando la defensa de su soberanía nacional o protegiendo intereses farmacéuticos, pone de manifiesto la persistencia de visiones cortoplacistas que priorizan los intereses nacionales por encima del bien común. ¿Acaso las pandemias respetan las fronteras? La respuesta, evidente a la luz de la historia, es un rotundo no.
La salida de Estados Unidos de la OMS, una decisión políticamente motivada, debilita aún más la capacidad de la organización para liderar la respuesta global ante las crisis sanitarias. Esta decisión, además de tener consecuencias financieras y operativas para la OMS, abre la puerta a una mayor influencia de China en el ámbito de la salud global, un escenario que podría tener implicaciones geopolíticas significativas.
El Acuerdo sobre Pandemias, a pesar de sus limitaciones, es un primer paso en la dirección correcta. Su éxito dependerá, en última instancia, de la voluntad política de los Estados para cooperar y compartir recursos, de la capacidad de la comunidad internacional para superar las divisiones y construir un futuro más seguro y saludable para todos. La lección que nos deja la historia, y que la pandemia del COVID-19 ha reforzado, es que la cooperación global no es una opción, sino una necesidad. En un mundo interconectado, la salud de todos depende de la salud de cada uno.
Fuente: El Heraldo de México