26 de mayo de 2025 a las 09:35
Remesas: El amor que viaja a casa
La amenaza de un nuevo impuesto a las remesas que se cierne sobre las familias mexicanas nos obliga a reflexionar sobre la importancia vital de estos envíos de dinero. Mucho más allá de simples cifras y estadísticas, las remesas representan el latido de millones de hogares, la esperanza tangible de un futuro mejor. Imaginemos por un instante la vida de quienes dependen de estos recursos: padres que pueden alimentar a sus hijos, jóvenes que acceden a la educación, abuelos que reciben atención médica. Detrás de cada dólar enviado, hay una historia de sacrificio, de largas jornadas de trabajo lejos del hogar, de la nostalgia por la tierra que se dejó atrás.
Este impuesto, aunque reducido del 5% al 3.5%, sigue siendo una carga injusta para quienes ya enfrentan innumerables desafíos. Recordemos que México es uno de los países más dependientes de las remesas a nivel mundial. El Banco de México ha registrado cifras históricas, miles de millones de dólares que fluyen directamente a la economía familiar, impulsando el consumo, la inversión y el desarrollo local. No podemos ignorar que este dinero, ganado con el sudor de la frente de nuestros migrantes, contribuye significativamente al crecimiento de nuestro país.
Es fundamental comprender que las remesas no son un regalo, sino el fruto del trabajo honesto y perseverante de nuestros compatriotas en el extranjero. Ellos, que se aventuran a cruzar la frontera en busca de oportunidades, no solo sostienen a sus familias, sino que también inyectan dinamismo a las comunidades de origen. Gracias a sus envíos, se construyen escuelas, se mejoran los servicios básicos, se emprenden pequeños negocios. Las remesas son, en muchos casos, el motor del progreso en zonas marginadas.
Ante esta preocupante situación, es imperativo que nuestras autoridades actúen con firmeza y determinación. No podemos permitir que la imposición de este impuesto menoscabe el bienestar de millones de familias mexicanas. Exigimos acciones concretas, más allá de las declaraciones de buenas intenciones. Necesitamos estrategias que protejan a nuestros migrantes y garanticen el flujo de recursos que son vitales para el desarrollo de nuestro país. Es crucial que expertos en finanzas analicen a fondo el impacto de esta medida y propongan soluciones viables que salvaguarden los intereses de quienes dependen de las remesas.
La solidaridad con nuestros migrantes no puede quedar en palabras. Debemos alzar la voz y exigir que se respeten sus derechos y se reconozca su invaluable aportación a la economía nacional. Recordemos que detrás de cada remesa hay un rostro, una historia, una familia que lucha por un futuro mejor. Es nuestro deber defenderlos y protegerlos de cualquier medida que amenace su bienestar. Este no es un tema político, sino una cuestión de justicia social y de responsabilidad con quienes, lejos de su tierra, trabajan incansablemente por el bienestar de los suyos. El futuro de millones de familias mexicanas está en juego, y no podemos permanecer indiferentes.
Fuente: El Heraldo de México