26 de mayo de 2025 a las 18:45
Elota: Decomiso en la Sierra
La tranquilidad aparente del domingo 25 de mayo en el poblado La Cruz, municipio de Elota, Sinaloa, se vio interrumpida por el despliegue de un operativo del Ejército Mexicano que culminó con el aseguramiento de un importante arsenal. Imaginen la escena: las 9:00 de la mañana, el sol apenas comenzando a calentar la tierra, y la quietud rural rota por el sonido de vehículos militares y el movimiento sigiloso de soldados. Patrullaban la zona, una región conocida por sus intrincados caminos y su vegetación densa, cuando de pronto, un grupo de personas armadas irrumpe en su campo de visión.
La tensión se palpa en el aire. Los sospechosos, al verse descubiertos, emprenden la huida a través de la maleza, abandonando a su suerte un arsenal que habla por sí solo de la violencia que acecha en estas tierras. No hubo intercambio de disparos, no hubo detenidos, solo el silencio que deja la retirada precipitada y el eco de la ley imponiéndose.
Lo que quedó atrás, sin embargo, no fue poca cosa. Siete armas largas, como trofeos de una guerra no declarada, yacían dispersas: fusiles Colt, Smith & Wesson, Century Arms, Zastava y Remington, nombres que resuenan en el imaginario colectivo como sinónimo de poder y peligro. Un rifle de diábolos, casi una anécdota en medio del arsenal, completaba el cuadro, un recordatorio de que la línea entre el juego y la amenaza puede ser a veces muy delgada.
Junto a las armas, los cargadores: 25 para calibre 7.62x39 mm y 5 para 5.56x45 mm, listos para alimentar la maquinaria de la violencia. Y las municiones, cientos de ellas, 650 del primer calibre y 90 del segundo, además de 12 cartuchos calibre 12, una promesa de muerte contenida en pequeñas cápsulas metálicas. Siete chalecos tácticos, una armadura contra la realidad que se vive en estos territorios, completaban el equipo abandonado.
Pero no solo armas y municiones encontraron los militares. Aproximadamente 800 gramos de una hierba seca, con el inconfundible aroma de la marihuana, se sumaban al botín. Una muestra más de la compleja red de actividades ilícitas que se tejen en la región.
El material asegurado fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la República (FGR) en Culiacán, donde se iniciará la investigación correspondiente. ¿Quiénes eran esos hombres armados? ¿A qué grupo criminal pertenecían? ¿Cuál era su objetivo? Estas son las preguntas que ahora deberán responder las autoridades.
Este operativo, sin embargo, es solo una pieza en un rompecabezas mucho más grande. La Sedena ha reiterado su compromiso de continuar con los despliegues en zonas de difícil acceso, como parte de una estrategia integral para debilitar las estructuras criminales que operan en Sinaloa. Una lucha constante, una batalla silenciosa que se libra día a día en los rincones más olvidados del país. Una lucha por la paz, por la seguridad, por un futuro donde el sonido de las armas sea reemplazado por el silencio de la tranquilidad.
La incertidumbre persiste, pero la acción del Ejército Mexicano envía un mensaje claro: la ley no se doblega ante la intimidación, y la lucha contra la delincuencia continúa, sin tregua, en cada rincón del territorio nacional. El silencio del domingo en La Cruz, roto por el operativo militar, se convierte así en un símbolo de esperanza, un recordatorio de que la paz, aunque a veces parezca distante, sigue siendo el objetivo final.
Fuente: El Heraldo de México