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26 de mayo de 2025 a las 09:35

Domina el mundo: Harvard, CIDE y Soros

Desde las aulas de Budapest hasta los pasillos de Harvard, resuena un inquietante eco: la sombra del poder político extendiéndose sobre la academia. Casos dispares en apariencia, pero unidos por un hilo conductor: el intento de silenciar o controlar las voces críticas que emanan de las universidades. ¿Acaso estamos presenciando un patrón global, una tendencia preocupante que amenaza la autonomía y la libertad de pensamiento en estos centros del saber?

El caso de la Universidad Centroeuropea (CEU) en Hungría sirve como un crudo recordatorio de cómo la presión gubernamental puede forzar el desplazamiento de una institución. El primer ministro Viktor Orbán, con su retórica nacionalista y su aversión a lo que él considera "ideologías extranjeras", orquestó una campaña que culminó con la salida forzosa de la CEU a Viena. Un duro golpe a la libertad académica y una señal de alarma para otras instituciones que se atreven a cuestionar el discurso oficial.

En México, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) sufrió un destino similar, aunque con matices propios. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, bajo el pretexto de la austeridad, implementó recortes presupuestarios que asfixiaron al CIDE. Acusaciones de elitismo y de promover una agenda neoliberal sirvieron como justificación para un proceso de debilitamiento institucional que incluyó el nombramiento controvertido de un nuevo director. La consecuencia: una diáspora de académicos y la transformación del CIDE en una entidad más alineada con la visión del gobierno.

Al otro lado del Atlántico, la prestigiosa Universidad de Harvard se vio en la mira del gobierno de Donald Trump. Acusaciones de antisemitismo, críticas a sus programas de diversidad e incluso la retención de fondos públicos formaron parte de una ofensiva que muchos interpretaron como un intento de castigar a la universidad por su postura crítica hacia la administración Trump. Si bien Harvard cuenta con los recursos para defenderse legalmente, el precedente sienta un precedente peligroso: la instrumentalización del poder político para influir en la dirección de las universidades.

¿Qué tienen en común estos casos? Más allá de las particularidades de cada contexto, se observa una tendencia preocupante: la creciente intolerancia de los gobiernos hacia las voces disidentes, especialmente aquellas que provienen del ámbito académico. Las universidades, históricamente baluartes de la libertad de pensamiento y la crítica constructiva, se convierten en objetivos de ataques cuando sus investigaciones o posturas incomodan al poder establecido.

La pregunta que queda en el aire es: ¿qué futuro les espera a las universidades en un mundo donde la polarización política y la erosión de las normas democráticas son cada vez más comunes? ¿Serán capaces de resistir estas presiones y mantener su independencia, o se verán obligadas a plegarse a los dictados del poder? El caso de Harvard, con su capacidad de movilización y sus recursos legales, servirá como una importante prueba de fuego. Su resistencia o su claudicación marcarán un precedente para otras instituciones que se enfrentan a desafíos similares. El tiempo dirá si la academia logra preservar su rol crucial como espacio de debate libre y motor del progreso social, o si sucumbe ante la creciente marea de la intolerancia y el control político.

Fuente: El Heraldo de México