26 de mayo de 2025 a las 12:10
Descubre el genio de Carballido
La fascinación de Maryse Ravera por la obra de Emilio Carballido comenzó como una chispa en su época de estudiante de Letras en Francia. No fue un flechazo a ciegas, sino la cautivadora denuncia, sutil y cargada de humor, presente en "Silencio pollos pelones, ya les voy a echar su maíz", la que la conquistó. Ravera no buscaba un teatro panfletario, un grito de guerra en el escenario, sino una voz que resonara con la complejidad humana, y la encontró en la pluma de Carballido. Su negativa a creer en la capacidad de la literatura para cambiar el mundo, paradójicamente, transformó el mundo de Ravera.
El contacto con el autor fue casi inmediato. Una carta, una respuesta rápida, y el inicio de una conexión intelectual forjada en la admiración mutua. La cultura, la humanidad y, de nuevo, ese humor tan característico de Carballido, cautivaron a la joven francesa. La confianza que el dramaturgo depositó en ella, permitiéndole traducir "Orinoco", solidificó el vínculo. Ravera se presentaba sin la arrogancia del extranjero que cree saberlo todo, y Carballido lo percibió, abriendo las puertas a una colaboración fructífera y una amistad entrañable.
Años más tarde, en 1982, el río cerca de Rouen, en Normandía, se convirtió en el escenario perfecto para "Orinoco", bajo la dirección de Ravera y la compañía Catherine Delattres. Una puesta en escena que seguramente resonó con la magia y el misterio del río homónimo en la obra de Carballido. Y ahora, décadas después, el círculo se cierra con un homenaje en México, la tierra del autor, en el centenario de su nacimiento. Un regreso cargado de significado, una ofrenda teatral en la tierra que vio nacer al genio.
La presentación de "Te juro Juana que tengo ganas" en el Teatro del Bosque Julio Castillo no es una simple representación, es una conversación a través del tiempo. La obra, escrita en 1965, adquiere una nueva dimensión a la luz de los movimientos contemporáneos. Resuena con la fuerza del #MeToo, pero desde una perspectiva inesperada, la de un autor mexicano que, décadas antes, exploraba la complejidad de las relaciones de género con ternura y profundidad. Es un testimonio de la vigencia de Carballido, de su capacidad para trascender épocas y conectar con las inquietudes humanas más fundamentales.
El proceso de traducción, para Ravera, no fue un mero ejercicio lingüístico, sino un acto de amor. Una inmersión en el universo carballidiano, un diálogo constante con el autor para desentrañar los matices, el humor preciso, la esencia misma de su obra. La traductora enamorada, como ella misma se define, buscó la fidelidad no solo a las palabras, sino al espíritu del texto, a la voz única e inconfundible de Carballido.
Con siete actores en escena, la versión de Ravera busca ir más allá de la risa, explorar las profundidades del ser y el parecer, las preguntas existenciales que se esconden bajo la aparente ligereza de la obra. Carballido no solo hacía reír, hacía pensar, y eso es lo que la directora busca transmitir al público mexicano. Una invitación a reflexionar, a cuestionar, a disfrutar del genio de Carballido en toda su complejidad y su brillantez. Un homenaje no solo a su memoria, sino a la vigencia de su obra en el mundo contemporáneo.
Fuente: El Heraldo de México