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26 de mayo de 2025 a las 09:35
Desbloquea el poder de las candidaturas multilaterales
En el complejo tablero del ajedrez global, donde las fichas representan naciones y las jugadas se traducen en acuerdos y tratados, México ha sabido mover sus piezas con destreza y precisión. La diplomacia mexicana, a lo largo de su historia, se ha caracterizado por una participación activa y constructiva en los foros multilaterales, espacios donde el diálogo y la cooperación se erigen como los pilares fundamentales para la resolución de los desafíos globales. Si bien el peso de las grandes potencias es innegable, México, como potencia media, ha demostrado su capacidad para influir en la agenda internacional, impulsando iniciativas y forjando consensos que trascienden las fronteras.
El Tratado de Tlatelolco, un hito en la historia de la no proliferación nuclear, es un ejemplo paradigmático del liderazgo mexicano en el ámbito multilateral. Este acuerdo, gestado en suelo mexicano, sentó las bases para una América Latina libre de armas nucleares, un logro que resonó en todo el mundo y que sigue siendo un referente en la búsqueda de un mundo más seguro. Pero la influencia de México no se limita a este tratado. Nuestro país ha jugado un papel crucial en la Convención del Derecho del Mar, en las convenciones sobre el cambio climático, en la prohibición de las minas antipersonales, y en un sinnúmero de otros instrumentos internacionales que buscan promover la paz, el desarrollo sostenible y el respeto a los derechos humanos.
Estos logros no son producto de la casualidad, sino del trabajo constante y dedicado de las delegaciones mexicanas ante los organismos multilaterales. Estos profesionales, con una sólida formación y un profundo compromiso con los valores de la diplomacia mexicana, interactúan día a día con sus contrapartes de otros países, tejiendo una red de relaciones que fortalece la posición de México en el escenario internacional. A este equipo se suman, temporalmente, directivos elegidos entre los países miembros, lo que añade una dimensión de competencia y representación a nivel individual.
La elección de un Secretario General de la ONU, por ejemplo, es un proceso complejo y altamente competitivo, donde los países despliegan todo su arsenal diplomático para conseguir el apoyo necesario. El candidato ganador debe ser una figura imparcial, capaz de representar los intereses de todos los miembros de la organización. Sin embargo, es innegable que la elección de un nacional para un puesto de tal envergadura conlleva un enorme prestigio y proyección para el país de origen.
En este contexto, las candidaturas de Gloria Guevara para Secretaria General de la ONU-Turismo y de Gabriela Ramos para Directora General de la UNESCO adquieren una relevancia especial. Ambas son mujeres con una trayectoria impecable y un liderazgo reconocido en sus respectivos campos. Su eventual triunfo no solo representaría un orgullo para México, sino que también nos permitiría volver a encabezar organismos multilaterales de gran importancia, estrechamente vinculados con el bienestar y el potencial de nuestro país.
La diplomacia mexicana, con su enfoque multilateralista, se consolida como una herramienta fundamental para la defensa de los intereses nacionales y la promoción de un orden internacional más justo y equitativo. Las candidaturas de Guevara y Ramos son un testimonio del compromiso de México con la cooperación internacional y un reflejo del talento y la capacidad de las mujeres mexicanas para liderar procesos de transformación global. El camino hacia la victoria no será fácil, pero la diplomacia mexicana, con su larga tradición de diálogo y negociación, está preparada para afrontar este desafío con la firmeza y la determinación que la caracterizan.
Fuente: El Heraldo de México