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26 de mayo de 2025 a las 09:35

Cultiva la magia de la amistad

Un torbellino de emociones y recuerdos me envolvió la semana pasada en Tijuana, donde la memoria de mi padre, don José Sulaimán, fue el corazón palpitante del torneo de golf de la Fundación Mi Chante. Desde el momento en que puse un pie en esta vibrante ciudad fronteriza, me sentí arropado por la cálida hospitalidad de tantos amigos.

La experiencia comenzó con una cena memorable en Casa Zibarita, un restaurante que deslumbra los sentidos. Compartí la mesa con mi querido amigo Fernando Beltrán, un ejemplo viviente de perseverancia y éxito en el mundo del boxeo. Recordamos con nostalgia nuestros inicios, cuando él, con jeans, botas y chamarra, visitaba a mi padre buscando el camino para impulsar la carrera del legendario Erik "Terrible" Morales. Desde entonces, nuestra amistad ha florecido, a pesar de los altibajos propios de la vida, siempre cimentada en el cariño y el respeto mutuo. Esa noche, entre anécdotas y risas, reforzamos los lazos que nos unen.

Al día siguiente, la conferencia de prensa del torneo de golf, convocada por don Abelardo Peña, reunió a medios, patrocinadores y amigos. Se respiraba un aire de entusiasmo al conocer los detalles de esta quinta edición, un evento con un noble propósito: recaudar fondos para apoyar a atletas mexicanos que sueñan con alcanzar la gloria en Juegos Olímpicos, Panamericanos y Campeonatos Mundiales.

Ese mismo día, tuve el privilegio de conocer al ingeniero Jorge Hank Rhon y a su hijo Juan Carlos, quien se adentra con paso firme en el mundo del boxeo. La conversación giró en torno a un tequila mítico, una bebida enigmática con ingredientes secretos, incluyendo víbora, alacrán y otras sustancias que la envuelven en un aura de misterio. Degustar este elixir mientras el Ing. Hank compartía las historias que lo rodean fue una experiencia fascinante, una oportunidad invaluable para aprender de la sabiduría de quienes han alcanzado el éxito.

El jueves, con la energía del amanecer, mi amigo Juan Carlos Pelayo, "el líder", me acompañó al Club Campestre. Allí, el campeón Erik Morales y un grupo de amigos, junto con Jorge Corral, presidente de la PGA de México, nos dieron la bienvenida.

Después de calentar, un encuentro inesperado: Saúl "Canelo" Álvarez, presente para honrar la memoria de mi padre. Criados en el béisbol, los Sulaimán Saldívar no somos expertos en el golf, y debo confesar que mi desempeño en el campo deja mucho que desear. Sin embargo, tuve el honor de dar el saque inicial. Nervios, cámaras, y el inevitable "pinkys", ese tiro corto que no alcanza ni la marca femenina. A pesar de mis tropiezos, disfruté cada momento junto a Pelayo, Erik y nuestros compañeros de juego: Fernando Rodríguez, de Viñedos Cetto, Miguel Romero y José Parra.

La organización del torneo fue impecable. En cada hoyo, un festín culinario nos esperaba: tacos, botanas, quesadillas y la inigualable carne asada de Sinaloa. Cerveza, tequila, mezcal y un clamato con una fórmula secreta que ha conquistado paladares en todo México, deleitaron nuestros sentidos. Actividades divertidas, un ambiente familiar y relajado, camaradería y risas, crearon una atmósfera inolvidable. Muchos se acercaron a compartir anécdotas sobre mi padre, su legado y cómo su presencia sigue viva a once años de su partida.

La justicia divina se hizo presente en el hoyo 17. Con un tiro lejano, Pelayo me animó a acercar la bola. Concentré toda mi energía y, para mi sorpresa, ¡la bola entró en el hoyo! El mejor tiro de mi vida, que borró de un plumazo todos los desaciertos del día.

La comida de premiación fue la culminación perfecta. Música, conversaciones animadas, exquisita comida y premios para los ganadores. Un cinturón de campeón mundial, donado por el WBC, fue subastado, y mi querido Frank Carrillo se lo adjudicó con una generosa aportación a la fundación. En un breve paso por el baño, compré boletos de rifa a dos señoritas y, ¡me gané un viaje a la playa!

Mi más sincero agradecimiento a don Abelardo Peña, su familia y la Fundación Mi Chante, a los patrocinadores, especialmente a Víctor López de Electrocarros de México, a los jugadores y a mis queridos Erik y Canelo, quienes enaltecieron el boxeo en un evento de golf.

Canelo, además de ser el mejor boxeador del mundo, es un talentoso golfista. Ha encontrado en este deporte un espacio para la competencia consigo mismo. Estoy seguro de que, al colgar los guantes, lo veremos representando a México en el golf profesional.

Recordé una anécdota de mi padre. Tras un viaje a Tijuana para convencer a Julio César Chávez de ingresar a rehabilitación, nos contó de una comida con el Ing. Hank. "Qué bien me cayó este joven, pero me ofreció un tequila con fórmula china, con animales dentro, y no me quedó de otra más que aceptarlo. Recordé lo que mi padre me enseñó: ¡Un Sulaimán nunca se raja!"

Fuente: El Heraldo de México