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26 de mayo de 2025 a las 04:45

Coyoacán: Un viaje fotográfico al pasado

Coyoacán, un oasis de historia y tradición en el corazón de la Ciudad de México, nos invita a un viaje a través del tiempo. Imaginen, por un instante, la visión de Hernán Cortés, quien tras la conquista de Tenochtitlan, eligió este fértil valle como su morada. De no ser por la insistencia de reconstruir la capital sobre las ruinas del Templo Mayor, Coyoacán habría sido el epicentro de la Nueva España. Aunque la historia tomó otro rumbo, Coyoacán continuó floreciendo como un refugio de paz y tranquilidad para las familias acaudaladas, quienes construyeron magníficas residencias de descanso rodeadas de exuberante vegetación y fuentes de agua cristalina. La proliferación de iglesias y conventos, con sus prósperos huertos frutales, contribuyó a la riqueza y el esplendor de la zona.

El implacable avance del tiempo y el crecimiento urbano han transformado el paisaje de Coyoacán, integrando sus calles y plazas a la metrópolis. Sin embargo, el espíritu del pasado persiste en sus rincones más emblemáticos. Gracias a la magia de la fotografía, podemos asomarnos a la Coyoacán de antaño, comparando imágenes antiguas con la realidad actual y descubriendo la fascinante evolución de este icónico lugar.

Las fotografías de Charles B. Waite, tomadas a principios del siglo XX, nos transportan a una época de carruajes y sombreros. En una de ellas, tres niñas se toman de la mano en el atrio de la iglesia de San Juan Bautista, un testigo silencioso de la historia desde 1522. La imponente fachada del templo, que ha sufrido diversas modificaciones a lo largo de los siglos, se alza majestuosa, recientemente restaurada tras los estragos del terremoto de 2017. En otra imagen, el antiguo Palacio del Ayuntamiento, hoy sede de la alcaldía, se presenta con un grupo de hombres resguardando la entrada, mientras otros conversan bajo el portal. La leyenda cuenta que Hernán Cortés habitó este edificio, aunque su construcción data del siglo XVIII. La verdadera residencia del conquistador se ubicaba a pocas cuadras de allí, cerca de la encantadora Plaza de la Conchita.

La lente de Waite también capturó la belleza de la torre de la iglesia de San Juan Bautista, con sus arcos barrocos, el reloj y la delicada linternilla que corona la cúspide. Esta linternilla, severamente dañada por el sismo, ha sido reconstruida con esmero, devolviéndole su antiguo esplendor.

Una perspectiva poco común de la capilla de San Antonio Panzacola y el Puente del Altillo sobre el Río Magdalena, tomada por Sonora News Co. y Cox en 1906, nos revela la belleza de este conjunto arquitectónico desde un ángulo diferente. El lugar donde se realizó la toma forma parte ahora de la iglesia de San José del Altillo, una joya arquitectónica moderna. El Río Magdalena, uno de los pocos ríos vivos de la ciudad, fluye bajo el puente, lamentablemente contaminado por las aguas residuales que desembocan en su cauce desde la zona de Los Dinamos.

Finalmente, una postal de la Compañía Industrial Fotográfica (CIF) nos muestra un apacible andador de los Viveros de Coyoacán en 1922, con sus arbustos cuidadosamente podados en forma de pirámide. Este pulmón verde, que comenzó como una donación de Miguel Ángel de Quevedo en 1901, se ha convertido en un extenso parque de 39 hectáreas, albergando viveros comerciales e institutos de investigación.

Coyoacán, un lugar donde el pasado y el presente se entrelazan, nos invita a recorrer sus calles empedradas, a admirar la belleza de sus antiguas construcciones y a respirar la historia que impregna cada rincón. Un paseo por Coyoacán es un viaje en el tiempo, una experiencia que nos conecta con las raíces de nuestra ciudad y nos recuerda la importancia de preservar nuestro patrimonio cultural.

Fuente: El Heraldo de México