26 de mayo de 2025 a las 02:00
El Fútbol: Evolución y Pasión
El fútbol, más que un simple deporte, es un fenómeno cultural que trasciende fronteras, idiomas y clases sociales. Desde las polvorientas calles de un barrio humilde hasta los relucientes estadios que albergan las competiciones más prestigiosas, el balón rueda uniendo a millones en una pasión compartida. La reciente instauración del Día Mundial del Fútbol no hace más que oficializar lo que muchos ya sentíamos: la importancia intrínseca de este juego en la vida de tantas personas.
David Faitelson, con su aguda mirada periodística, ha sabido capturar la esencia de esta celebración. Su sorpresa inicial ante la oficialización de la fecha da paso a una profunda reflexión sobre la universalidad del fútbol. Y es que, como bien señala, este deporte no entiende de barreras. Desde la infancia, con la improvisación de porterías con piedras o suéteres, hasta la edad adulta, el fútbol nos acompaña, ofreciéndonos momentos de alegría, frustración, y sobre todo, de unión.
Recordar el Mundial del 86 en México es evocar un momento crucial en la historia del país. En medio del dolor y la incertidumbre tras el devastador terremoto, el fútbol se erigió como un bálsamo, un punto de encuentro para una nación herida. La selección mexicana, con su entrega y pasión, logró unir a un pueblo que necesitaba más que nunca encontrar motivos para la esperanza. Este ejemplo, tan vívido en la memoria colectiva, demuestra el poder del fútbol para trascender lo meramente deportivo y convertirse en un símbolo de resiliencia y unidad nacional.
La sencillez del fútbol es, quizás, una de sus mayores virtudes. No se necesitan grandes inversiones ni equipamientos sofisticados para practicarlo. Un balón, un espacio abierto, y la compañía de amigos o familiares son suficientes para disfrutar de la magia del juego. Esa accesibilidad es la que lo convierte en un deporte verdaderamente democrático, jugado en todos los rincones del planeta, desde las playas de Brasil hasta las montañas de Nepal.
Sin embargo, el fútbol, como todo en la vida, no es ajeno a la evolución y al impacto de la tecnología. La introducción del VAR, si bien busca una mayor justicia en las decisiones arbitrales, ha generado un debate que aún no encuentra un punto final. Por un lado, se argumenta que la tecnología aporta objetividad y reduce los errores humanos. Por otro, se teme que la excesiva dependencia de las repeticiones en cámara lenta le reste espontaneidad y emoción al juego. ¿Se pierde acaso la esencia del fútbol, esa chispa de imprevisibilidad que lo hace tan apasionante, al someter cada jugada al escrutinio minucioso de la tecnología?
Faitelson, con su característico estilo crítico, plantea la interrogante sobre el impacto del VAR en la creatividad de los jugadores. ¿Acaso la omnipresencia de la tecnología inhibe la improvisación, la genialidad de un regate inesperado, la magia de un gol surgido de la nada? ¿Estamos sacrificando el arte en aras de la precisión? El debate está abierto, y las opiniones, como en todo lo relacionado con el fútbol, son tan diversas como los colores de las camisetas que visten los equipos.
Más allá de las polémicas arbitrales y las innovaciones tecnológicas, el fútbol sigue siendo, en esencia, un pretexto para el encuentro, para la convivencia familiar, para generar conversaciones y compartir emociones. Es alrededor del televisor, en la grada del estadio, o en la improvisada cancha del barrio, donde se crean lazos, se fortalecen vínculos, y se construyen recuerdos que perduran en el tiempo. El fútbol, en definitiva, es mucho más que un juego; es una parte integral de nuestra cultura, un reflejo de nuestras pasiones, y un símbolo de nuestra humanidad compartida.
Fuente: El Heraldo de México