24 de mayo de 2025 a las 12:30
Laura Fernanda: La verdad tras la uña
Un escalofrío recorre Villa Crespo. La tranquilidad del barrio porteño se vio quebrada por un descubrimiento macabro que ha dejado a vecinos y autoridades conmocionados. Una empleada doméstica, al ingresar al departamento que limpiaba habitualmente, se encontró con una escena dantesca: un asesinato múltiple que ha sembrado la incertidumbre y el dolor.
El pasado 21 de mayo, la trabajadora entró al domicilio de la familia Seltzer Leguizamón, ubicado en Villa Crespo, como cualquier otro día. Sin embargo, la cotidianidad se transformó en horror en cuestión de segundos. Lo primero que vio fue el cuerpo de Ian, el hijo mayor de 15 años, yaciendo en un charco de sangre cerca de la entrada del departamento. La imagen, brutal e inesperada, la paralizó. Con el corazón latiéndole a mil, avanzó unos pasos, buscando a los demás miembros de la familia. El silencio que reinaba en el apartamento era sepulcral, un silencio que gritaba la tragedia.
Encontró a Ivo, el hijo menor de 12 años, en su cama. La escena se repetía: otro cuerpo sin vida, otra víctima de una violencia inexplicable. El horror se intensificó al descubrir a Bernardo Seltzer, el padre, también en su habitación, con el mismo destino fatal. La empleada, presa del pánico y la conmoción, finalmente encontró a Laura Fernanda Leguizamón, la madre. Su cuerpo presentaba una profunda herida en el corazón, el golpe definitivo, y otras lesiones menores en las manos. Un detalle escalofriante completaba el cuadro: una uña incrustada en su cuello, perteneciente a su hijo Ian.
Las primeras hipótesis apuntaban a un posible intruso, un asesino externo a la familia. Sin embargo, las evidencias comenzaron a tejer una historia diferente, mucho más perturbadora. La rigidez cadavérica de Laura Fernanda era menor que la del resto de las víctimas, un indicio que la colocaba como la última en fallecer. Además, las marcas en su cuerpo, las heridas en sus manos, y la uña de su hijo bajo su piel, sugerían un forcejeo, una lucha desesperada. Todo apuntaba a una dirección impensable: Laura Fernanda, la madre, habría sido la autora de los crímenes.
La hipótesis, por terrible que parezca, cobraba fuerza con cada nueva pieza del rompecabezas. Ian, el hijo mayor, habría intentado escapar, su cuerpo cerca de la salida del departamento lo confirmaba. Habría luchado con su madre, dejando su uña clavada en su cuello en un intento desesperado por defenderse. La escena del crimen, reconstruida a partir de las evidencias, pintaba un cuadro de horror indescriptible.
La empleada doméstica, testigo involuntaria de esta tragedia, corrió a pedir auxilio a los vecinos. Desesperada, relató lo que había visto, mientras los vecinos llamaban al 911. La policía, al llegar al lugar, encontró una carta con dos manchas de sangre. Un mensaje críptico, desgarrador: “Íbamos a la calle”, “fue mucho”, “todo mal, muy perverso”, “los arruinaba la vida”, “los amo”, “mi tel es ‘L’”. Palabras que, lejos de aclarar el panorama, profundizaban el misterio. ¿Qué significaban esas frases? ¿Qué llevó a Laura Fernanda a cometer semejante acto? Las preguntas flotan en el aire, mientras Villa Crespo se sumerge en un manto de consternación e incredulidad.
La investigación continúa, buscando respuestas en un caso que ha conmocionado a la sociedad. Los peritos forenses analizan cada detalle, cada evidencia, intentando reconstruir los últimos momentos de la familia Seltzer Leguizamón. Mientras tanto, el barrio llora la pérdida de una familia, y se pregunta cómo una tragedia de tal magnitud pudo ocurrir en su seno. La búsqueda de la verdad apenas comienza, y el camino promete ser largo y doloroso.
Fuente: El Heraldo de México