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24 de mayo de 2025 a las 09:20

Delicias López

A pesar del ruido mediático, de las críticas a su diseño y a la forma en que se ha llevado a cabo, la elección del Poder Judicial es una realidad inminente. En apenas una semana, seremos testigos de un hecho histórico: la elección, por voto popular, de jueces, magistrados y ministros. Sin embargo, la sombra de la incertidumbre y la controversia se cierne sobre este proceso. El desinterés ciudadano, palpable a pesar de los esfuerzos publicitarios de la 4T, es un síntoma preocupante. El desconocimiento generalizado sobre las implicaciones de esta elección, más allá de consignas como "sacar a los jueces corruptos", revela una profunda brecha entre la ciudadanía y el sistema judicial.

Este escenario ha transformado la elección judicial en una suerte de contienda interna entre simpatizantes de la Cuarta Transformación, limitando su alcance y representatividad. No es casualidad que las ministras que encabezan las preferencias para presidir la Corte sean las tres propuestas por el expresidente Andrés Manuel López Obrador: Yasmín Esquivel Mossa, Lenia Batres Guadarrama y Loretta Ortiz Ahlf. Las encuestas, aunque muestran a Esquivel Mossa en la delantera, parecen no reflejar el sentir del círculo cercano al expresidente. Diversos indicios apuntan a que la verdadera favorita de la familia López Obrador es Loretta Ortiz Ahlf.

Las señales, sutiles pero contundentes, se han manifestado en el espacio público. José Ramón López Beltrán, hijo mayor del expresidente, publicó en redes sociales un mensaje de agradecimiento a Ortiz Ahlf, destacando su vocación, sabiduría y compromiso. Previamente, ya había expresado su apoyo a la ministra, incluyéndola en una lista de los mejores perfiles para "regenerar el Poder Judicial". Andrés López Beltrán, secretario de organización de Morena, fue visto en un aeropuerto dialogando animadamente con la ministra, un encuentro que no se ha replicado con ninguna otra candidata.

Estos gestos de apoyo no son fortuitos. La familia López Obrador mantiene una larga relación con Loretta Ortiz, una amistad que se remonta a la infancia de los hijos del expresidente. A través de estos vínculos, se percibe la influencia del expresidente en un proceso que él mismo impulsó. La maquinaria morenista se ha puesto en marcha para respaldar a sus candidatas, convirtiendo la elección en una prueba de fuerza entre las distintas corrientes del partido.

La próxima semana seremos testigos del desenlace de esta compleja trama. Más allá de los resultados, la elección judicial deja interrogantes sobre la independencia del Poder Judicial, la participación ciudadana y la transparencia de los procesos electorales. ¿Se consolidará esta elección como un ejercicio democrático o como una extensión de la influencia política? ¿Logrará el nuevo Poder Judicial la anhelada regeneración o se verá sometido a las mismas presiones y vicios del pasado? El tiempo y el escrutinio público tendrán la última palabra. Mientras tanto, la ciudadanía observa con atención, esperando que la justicia, en su esencia más pura, prevalezca por encima de los intereses particulares y las agendas políticas. El futuro del sistema judicial, y en gran medida del país, se juega en esta elección.

Nos encontramos en un momento crucial para la democracia mexicana. La elección del Poder Judicial, con sus luces y sombras, representa una oportunidad para fortalecer el Estado de Derecho y la confianza ciudadana en las instituciones. Es imperativo que la ciudadanía se informe, participe y exija transparencia en este proceso. El futuro de la justicia está en nuestras manos.

Fuente: El Heraldo de México