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23 de mayo de 2025 a las 14:35

Secretos Seltzer: Carta Revela Tragedia Familiar

Un silencio sepulcral se cernía sobre el departamento en Villa Crespo. La escena, descubierta por la empleada doméstica, era dantesca: un niño yacía en un charco de sangre, marcando el inicio de una tragedia que desgarraría el corazón de Buenos Aires. Lo que en un principio parecía un hecho aislado, se transformó en un escalofriante rompecabezas con la aparición de una carta, manchada de sangre y escrita con la puño y letra de Laura Leguizamón, esposa y madre de las víctimas.

Las frases, casi ilegibles, garabateadas con una caligrafía cursiva y temblorosa, revelan la tormenta que se gestaba en la mente de la mujer: "Íbamos a la calle", una promesa de escape truncada. "Fue mucho", el peso insoportable de una realidad que la asfixiaba. "Todo mal, muy perverso", la oscura percepción de un mundo que la amenazaba. "Los arruinaba la vida", un sentimiento de culpa que la consumía. Y en medio de la desesperación, un destello de amor: "Los amo". Finalmente, un último susurro, una clave para descifrar el enigma: "mi tel es ‘L’". ¿Una pista? ¿Un mensaje póstumo? Las interrogantes se multiplican, acrecentando el misterio.

La hipótesis principal, un brote psicótico, dibuja un escenario desolador. Laura Leguizamón, bajo tratamiento psiquiátrico, habría abandonado su medicación, según el testimonio de la empleada doméstica, quien notó un cambio drástico en su comportamiento semanas antes de la tragedia. Este detalle, aparentemente insignificante, se convierte en una pieza clave para comprender el horror que se desató entre las paredes de ese hogar.

La ausencia de heridas defensivas en el cuerpo de Laura refuerza la teoría del suicidio. Adrián Seltzer, el esposo, habría sido atacado primero, mientras que los niños, Ian e Ivo, fueron acuchillados en su habitación. Uno de ellos, en un último intento por aferrarse a la vida, logró escapar, pero fue alcanzado por su madre en la sala, donde finalmente encontró la muerte. La imagen, reconstruida a partir de las evidencias, es desgarradora.

La computadora en el suelo, los dos cuchillos, la carta manchada de sangre… cada objeto se transforma en un silencioso testigo de la tragedia. El departamento, otrora un refugio familiar, se convierte en un escenario del horror, un espacio donde el amor y la locura se entrelazaron en un abrazo mortal.

Las investigaciones continúan, buscando respuestas en medio del dolor y la consternación. El caso de la familia Seltzer se suma a la larga lista de tragedias que nos recuerdan la fragilidad de la mente humana y la importancia de la salud mental. Mientras tanto, Villa Crespo llora la pérdida de una familia, víctima de una tormenta interior que nadie pudo prever, ni detener. Una historia que nos deja con más preguntas que respuestas, y con un profundo sentimiento de tristeza.

Fuente: El Heraldo de México