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23 de mayo de 2025 a las 09:30

Domina tu miedo, ¡Domina tu vida!

La noticia del martes me cayó como un balde de agua fría. Sentí un vacío en el estómago, una especie de mareo, como si el suelo se moviera bajo mis pies. Esa sensación de irrealidad, de estar desconectada, de flotar fuera de mi propio cuerpo… Me recordó a mi tía la Chata cuando era niña y se "espantó" al ver la sangre de una pelea entre vecinas. Decía mi abuela, Josefinita, que se le había salido el espíritu. Recuerdo la curandera, saltando sobre ella, llamándolo a gritos para que regresara. Yo no he perdido el apetito ni el sueño como le pasó a mi tía, pero sí siento una profunda desazón, una tristeza que me oprime el pecho.

Me duele la partida de Ximena. La recuerdo con cariño. Una joven ejemplar, trabajadora, siempre con una sonrisa y una actitud positiva. La conocí a través de mi trabajo con Clarita Brugada. Años de coordinar recorridos y entrevistas, de compartir momentos, incluso de una ocasión en la que llegué temprano a una cita y me permitió descansar en el sillón de su oficina mientras los asesores, José incluido, estaban en junta tras aquella imponente puerta de madera.

A los 14 años yo ya trabajaba, luchando por mi propio futuro. José, a la misma edad, ya militaba en Uprez, comprometido con la lucha social, buscando estrategias para ayudar a los más necesitados. ¿Qué futuro les arrebataron? ¿Qué sueños quedaron truncados?

Intenté evitar las redes sociales, protegerme del bombardeo de imágenes y comentarios, pero fue imposible. La tragedia se repetía una y otra vez en cada pantalla, en cada conversación. Recuerdo una transmisión en particular, donde vi al menos quince veces la escena del crimen: la moto, el auto… ambos robados, al igual que las vidas de Ximena y José. Pero el golpe final, el que realmente me "espantó", fue el acercamiento de la cámara al charco de sangre, enorme, oscuro, entre el arroyo y la banqueta. Ahí me rompí. Y, contra mi mejor juicio, me sumergí en el abismo de las redes.

Lo que encontré fue deplorable. Un espectáculo grotesco de veneno y mezquindad. Figuras públicas, personajes famosos, gente con poder… destilando odio contra dos jóvenes que solo buscaban construir un mundo mejor. ¿Qué les habían hecho Ximena y José para merecer semejante ensañamiento? ¿Cuál era su delito? ¿Trabajar incansablemente desde la madrugada para alcanzar sus sueños, para defender sus principios, para construir su utopía?

¿Y cuál es la utopía de esos seres despreciables que se esconden detrás de perfiles falsos para vomitar su odio? ¿Un país donde los multimillonarios no pagan impuestos? ¿Una vida de caricaturas políticas donde se denigra a cualquiera que no comparta sus "colores", incluso a aquellos funcionarios que sí trabajan por el bien común?

Pienso en Ximena y en José. ¿Eran realmente pareja? ¿Iban a una reunión de seguridad? De ser así, la ironía de la vida, o mejor dicho, de la muerte, resulta escalofriante. No tengo miedo, solo estoy "espantada". Espantada por la violencia, por la indiferencia, por la falta de empatía. Espantada por un mundo donde la vida vale tan poco.

Fuente: El Heraldo de México