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23 de mayo de 2025 a las 09:20
Descubre el Chiapas de Rosario Castellanos
Rosario Castellanos, más que nacida, parece haber resurgido de las entrañas mismas de Chiapas. Su infancia comiteca, entre calles empedradas y ecos de tojolabales, forjó la mirada perspicaz con la que diseccionó la condición humana. No solo retrató al ladino, a la mujer, al indígena, sino que capturó la esencia misma de la niñez en un Chiapas que se debatía entre su pasado prehispánico, la huella de la evangelización, el peso de la colonia y el fantasma del feudalismo. Su obra es un espejo del Chiapas de los 50 y 60, el del desarrollo estabilizador post-revolucionario, un Chiapas en aparente calma antes de la tormenta del 94.
Su renacimiento se extendió a cada rincón de San Juan Chamula. A pie, a lomo de mula, su trabajo en el INI la llevó a conocer a Marcela Gómez Oso y, en ella, a todas las Marcelas Gómez Oso explotadas, revelando la miseria del Cura y su obsesión por erradicar una idolatría fundida a fuego en el alma indígena. En sus incansables recorridos por Chenalhó, Huixtán, Pantelhó, absorbió el zumbido del tzeltal y el tzotzil, utilizando el teatro guiñol como herramienta para acercar el castellano a niños y adultos.
En otro tiempo, entre los pelotazos de fútbol en el ICACH de Tuxtla, Rosario devoraba los apuntes del Ateneo de Ciencias y Artes, dialogando con Sabines y Noquis sobre poesía y el retorno a las raíces lingüísticas. Así se forjó la escritora chiapaneca, la narradora de la vida, las costumbres, la inquietud femenina y ese pasado tan cercano y a la vez distante, como el Comitán fronterizo, último punto en el mapa.
Stendhal afirmaba que la novela es un espejo de la vida. Rosario, en ese espejo a veces opaco, a veces nítido, reflejó el Chiapas que conoció caminando, observando, escuchando voces presentes y ecos del pasado. Posteriormente, su regreso a la universidad marcó una nueva etapa. Como ensayista, abordó el feminismo, pero un feminismo mexicano, una antítesis del feminismo de otros continentes. Porque no es igual el machismo español que el japonés, el judío o el árabe. Cada uno desvaloriza a la mujer de forma distinta. Su modelo, sin embargo, fue México, como lo demuestra en "Mujer que sabe latín" y en sus ensayos sobre grandes novelistas como las hermanas Brontë, Jane Austen y George Sand. Simone de Beauvoir decía: "No se nace mujer, se llega a serlo". Rosario, en cambio, nació mujer y se hizo mujer absoluta: creadora, artista, pensadora y, sobre todo, chiapaneca.
Chiapas pertenece a Rosario por la manera en que nos reveló a nosotros mismos. Y ella nos pertenece, porque simplemente lo es. Su legado es un tesoro que nos invita a redescubrir la riqueza y complejidad de nuestra identidad. Su voz, resonando a través del tiempo, nos recuerda la importancia de mirar hacia adentro, de escuchar las voces silenciadas y de construir un futuro donde la justicia y la igualdad sean la norma.
Fuente: El Heraldo de México