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23 de mayo de 2025 a las 09:30

CELAC 2025: Un Nuevo Mundo

La creciente influencia de China en Latinoamérica se ha convertido en un tema central en la geopolítica global. El reciente IV Foro Ministerial China-CELAC, celebrado en Pekín, no solo solidifica esta relación, sino que también plantea interrogantes cruciales sobre el futuro del liderazgo estadounidense en la región y el mundo. La búsqueda de alternativas al dólar, la diversificación de socios comerciales y la inversión en infraestructuras críticas son elementos clave de esta nueva dinámica.

El contexto de la guerra comercial con Estados Unidos ha acelerado el acercamiento entre China y Latinoamérica. Pekín ha intensificado su cooperación económica y política, presentándose como una alternativa viable al tradicional dominio estadounidense. La adhesión de dos tercios de los países latinoamericanos a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) es un claro ejemplo de esta tendencia. Este ambicioso proyecto de infraestructura, valorado en un billón de dólares, promete modernizar las redes de transporte y energía de la región, atrayendo inversión y generando oportunidades de desarrollo.

La transición energética es un punto crucial en la agenda bilateral. Colombia, por ejemplo, busca un camino hacia las energías verdes a través de la cooperación con China. Acuerdos como el firmado entre Electryon Power y Sungrow Hydrogen para el desarrollo de hidrógeno verde, o la participación de empresas chinas en licitaciones para proyectos eólicos en alta mar, demuestran el compromiso de ambas partes en este sector. China se posiciona como un socio estratégico en la transferencia de tecnología y la formación de capital humano, elementos esenciales para una transición energética exitosa.

La exploración y comercialización de minerales de transición también ocupa un lugar destacado en la agenda. El "triángulo del litio" (Argentina, Chile y Bolivia) representa un enorme potencial aún por explotar. Mientras tanto, en Perú y Brasil, se intensifican las investigaciones y proyectos relacionados con este recurso estratégico. China, con su creciente demanda de materias primas para la fabricación de baterías y vehículos eléctricos, se perfila como un inversor clave en este sector, generando expectativas de desarrollo económico en la región.

La reestructuración de la relación comercial entre China y Latinoamérica es un desafío complejo. La necesidad de diversificar mercados y reducir la dependencia de Estados Unidos plantea la necesidad de repensar las cadenas de suministro y las políticas arancelarias. La implementación de la nueva ruta de la seda debe ser un proceso eficiente y productivo para ambas partes, generando un intercambio comercial fluido y beneficioso.

La desindustrialización prematura es otro tema preocupante. La cooperación tecnológica y el desarrollo industrial verde se presentan como alternativas para un crecimiento económico sostenible. La atracción de inversión extranjera directa en manufactura y la transferencia de tecnología son claves para impulsar la innovación y la creación de empleos de calidad.

Finalmente, la búsqueda de alternativas al dólar estadounidense se ha convertido en una prioridad para muchas economías en desarrollo. El creciente uso del renminbi (RMB) chino como moneda de intercambio internacional refleja esta tendencia. La diversificación de reservas y la creación de mecanismos financieros regionales ofrecen una mayor autonomía y reducen la vulnerabilidad ante las fluctuaciones del mercado global.

El Foro China-CELAC ha abierto un nuevo capítulo en las relaciones entre ambas regiones. La cooperación en áreas estratégicas como la energía, la infraestructura y el comercio plantea un desafío al liderazgo tradicional de Estados Unidos. Si bien el futuro es incierto, la creciente influencia de China en Latinoamérica es una realidad innegable que redefine el panorama geopolítico global. ¿Será este el inicio del fin de la supremacía estadounidense? El tiempo lo dirá.

Fuente: El Heraldo de México