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22 de mayo de 2025 a las 17:40

México: Zacil Jiménez narra aterradora persecución

La inseguridad en México vuelve a ser el foco de atención, esta vez a través del testimonio desgarrador de la influencer Zacil Jiménez. Su experiencia, compartida con crudeza y vulnerabilidad en Instagram, ha resonado con miles de mujeres que, lamentablemente, se identifican con el miedo y la angustia que relató. No se trata solo de una anécdota aislada, sino del reflejo de una realidad cotidiana que nos obliga a cuestionarnos, una vez más, la eficacia de las medidas de seguridad y la persistencia de una cultura machista que normaliza la violencia contra las mujeres.

El relato de Zacil es estremecedor. Imaginen la escena: una joven caminando por la calle, sintiendo la mirada invasiva de un desconocido, la creciente sensación de ser acechada, el corazón latiendo a mil por hora. Esa sensación de indefensión, de vulnerabilidad extrema, es algo que ninguna mujer debería experimentar. La influencer, con valentía, decidió buscar ayuda en unos guardias de seguridad, quienes afortunadamente le brindaron apoyo. Sin embargo, el hecho de tener que esperar, escondida, a que su acosador se alejara, nos deja un sabor amargo. ¿Es esta la libertad que merecemos? ¿Vivir con el temor constante de ser víctimas de la violencia?

La impotencia que transmite Zacil en sus videos es palpable. No solo por el acoso en sí, sino por la revictimización que implica tener que justificar su miedo, describir con detalle al agresor, como si la carga de la prueba recayera sobre ella. Esa necesidad de convencer a los demás de la veracidad de su experiencia es una muestra más de la desprotección que sufren las mujeres en nuestro país. "Me caga ser mujer en México", una frase que resume la frustración y el hartazgo ante una situación que parece no tener fin.

El apoyo de sus seguidores fue inmediato. Mensajes de solidaridad, de comprensión, de indignación. La historia de Zacil se convirtió en un grito colectivo, en un llamado a la acción. Es necesario que las autoridades tomen medidas concretas para garantizar la seguridad de las mujeres, que se implementen políticas públicas que promuevan la igualdad y el respeto, que se eduque a las nuevas generaciones en una cultura de no violencia.

La experiencia de Zacil, aunque dolorosa, ha abierto un espacio para el diálogo, para la reflexión. Nos invita a cuestionarnos como sociedad, a romper el silencio, a no normalizar la violencia. Es momento de exigir un cambio, de construir un México donde las mujeres puedan caminar libres, sin miedo, sin tener que mirar constantemente por encima del hombro. Es momento de que la indignación se transforme en acción, en un movimiento que exija justicia, respeto y seguridad para todas. La voz de Zacil, y la de miles de mujeres, debe ser escuchada.

Fuente: El Heraldo de México