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22 de mayo de 2025 a las 21:55

Influencers: ¿Negocio o soborno?

La industria musical, aparentemente democratizada por las plataformas de streaming, esconde una compleja red de desigualdades que afectan especialmente a artistas afroamericanos. Si bien el acceso a la música se ha globalizado, la remuneración justa y la representación equitativa siguen siendo una batalla cuesta arriba. El debate se centra en la opacidad de los algoritmos que rigen estas plataformas, acusados de perpetuar sesgos y favorecer a ciertos artistas, a menudo blancos, en detrimento de otros. ¿Se trata de una nueva forma de discriminación, una "payola digital" que manipula las listas de reproducción y recomendaciones, o simplemente un reflejo de las preferencias del público?

La discusión cobra fuerza con casos emblemáticos como el de Tyler, The Creator, cuya victoria en los Grammy por un álbum que trascendía el rap tradicional, generó controversia sobre la categorización rígida de géneros y la supuesta resistencia a la innovación musical proveniente de artistas negros. ¿Se encasilla a estos artistas en etiquetas predefinidas, limitando su exploración artística y su potencial alcance a nuevas audiencias?

Kendrick Lamar, con su activismo político y letras contundentes, se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la discriminación. Su música, que denuncia la brutalidad policial y la desigualdad racial, ha encontrado eco en movimientos como Black Lives Matter, pero también ha enfrentado censura y menor promoción en plataformas digitales. ¿Se silencian las voces disidentes bajo el pretexto de la "aceptabilidad" para las masas? ¿Se aplica una doble moral en la que la violencia en las letras de artistas blancos se tolera, mientras que el discurso político de un rapero negro se considera problemático?

Incluso una figura icónica como Beyoncé, con todo su poder e influencia, ha tenido que luchar por el reconocimiento en géneros tradicionalmente dominados por artistas blancos. Su incursión en el country con "Cowboy Carter" (2024), si bien le valió un Grammy, también desató críticas y rechazo por parte de un sector del público que la consideraba ajena a ese género. ¿Es este un ejemplo de cómo se construyen barreras invisibles para limitar la participación de artistas negros en ciertos espacios musicales? ¿Se trata de una forma de preservar la "pureza" de géneros históricamente asociados a la cultura blanca?

El problema no se limita a la categorización y la promoción. La precaria remuneración que reciben muchos artistas, especialmente los independientes, en las plataformas de streaming es otro síntoma de la desigualdad sistémica. Mientras las grandes discográficas y las plataformas acumulan beneficios, muchos músicos luchan por sobrevivir. ¿Se está creando una nueva forma de explotación en la era digital, donde la facilidad de acceso a la música se traduce en una devaluación del trabajo artístico?

Si bien plataformas como Bandcamp ofrecen alternativas más justas, no son suficientes para contrarrestar el poderío de los gigantes del streaming. La transparencia en los algoritmos, la revisión de las políticas de remuneración y una mayor representación de artistas de color en puestos de decisión son pasos cruciales para construir una industria musical verdaderamente equitativa. El talento no conoce de color, pero las estructuras de poder sí. Es hora de desmantelar los muros invisibles que impiden que la música fluya libremente y que todos los artistas tengan las mismas oportunidades de brillar.

Fuente: El Heraldo de México