Logo
NOTICIAS
play VIDEOS

Inicio > Noticias > Política

22 de mayo de 2025 a las 10:15

¡Indignación!

El eco de sus risas aún resuena en los pasillos del gobierno, en las calles que caminaron junto a la gente, en los corazones de quienes los conocieron. Ximena y José, dos nombres que ahora se graban a fuego en la memoria colectiva, no como víctimas, sino como símbolos de una lucha incansable por un México más justo. Su compromiso, su entrega, su pasión por servir, son un legado que trasciende el dolor y la indignación que hoy nos embarga. No eran simples funcionarios, eran la encarnación de la vocación pública, de esa entrega desinteresada que busca el bienestar colectivo por encima de cualquier interés personal. Ximena, con su calidez humana, su empatía inagotable, dejó una huella imborrable en cada persona que tuvo la fortuna de cruzar su camino. Su sonrisa, recuerdo imborrable para quienes la conocieron, iluminaba cualquier espacio, contagiando optimismo y esperanza. José, con su mente brillante y su visión estratégica, era un faro en la compleja navegación política. Su capacidad de análisis, su agudeza para comprender las necesidades de la gente, lo convertían en un líder nato, en un referente para las nuevas generaciones.

Es inconcebible, es inaceptable, que la mezquindad política se atreva a mancillar su memoria, a utilizar su trágica partida para alimentar la polarización y el odio. Ante la barbarie, la respuesta no puede ser otra que la unidad, la solidaridad, la firme convicción de que la lucha por la justicia y la dignidad no se detiene. No podemos permitir que el miedo nos paralice, que el dolor nos consuma. Debemos honrar el legado de Ximena y José redoblando nuestros esfuerzos, trabajando incansablemente por el México que ellos soñaron, un México donde la justicia social sea una realidad y no una simple aspiración.

Hoy, más que nunca, debemos cerrar filas, tender puentes, construir un frente común contra la violencia y la impunidad. La indignación que sentimos debe transformarse en acción, en movilización, en un clamor colectivo que exija justicia y que impulse un cambio profundo en nuestra sociedad. No podemos permitir que la sangre derramada de Ximena y José sea en vano. Su memoria debe ser la semilla que germine en un futuro de esperanza, de igualdad y de paz. Que su ejemplo nos inspire a seguir luchando, a no claudicar en la construcción de un México más justo y solidario, un México donde la vida sea el valor supremo y donde la justicia alcance a todos, sin excepción.

El camino es largo y está lleno de obstáculos, pero la fuerza de su recuerdo, la convicción de sus ideales, nos guiarán en esta lucha. Ximena y José, presentes ahora y siempre en la memoria y en el corazón del pueblo. Su lucha continúa en cada uno de nosotros.

Fuente: El Heraldo de México