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22 de mayo de 2025 a las 22:00
Ecoparque Monclova: ¡Animales sedientos! ¡Profepa, auxilio!
El infierno se ha desatado en el EcoParque Monclova, y no hablamos de una metáfora. Bajo el sol implacable de Coahuila, donde el mercurio supera los 40 grados, los animales del zoológico se consumen en una agonía lenta y silenciosa. No es el calor en sí lo que los tortura, sino la crueldad de la negligencia, la indiferencia que les niega el alivio más básico: el agua. Imaginen el tormento de estas criaturas, encerradas en jaulas bajo un sol abrasador, con la garganta reseca y sin una gota para aplacar su sed. Es una imagen que nos desgarra el alma, una realidad que nos obliga a alzar la voz.
Lucía Hernández, la valiente defensora de los animales que ha sacado a la luz esta barbarie, no se limita a denunciar la falta de agua. Sus palabras pintan un cuadro desolador de abandono y sufrimiento. Habla de recintos indignos, de zoocosis, ese terrible trastorno que convierte la vida de estos animales en un ciclo de movimientos compulsivos, de pasos sin rumbo, de lameduras incesantes, un desesperado intento por escapar de la prisión mental y física que los consume. No son animales, son sombras de lo que fueron, almas rotas atrapadas en un infierno de concreto y rejas.
Y mientras los animales sufren, ¿dónde están los responsables? Lucía Hernández señala con el dedo a dos niveles de gobierno: el municipal, encabezado por Carlos Villarreal, y el estatal, bajo el mando de Manolo Jiménez. No pueden alegar desconocimiento, no pueden lavarse las manos. El EcoParque Monclova es su responsabilidad, y su inacción es una forma de complicidad. El mantenimiento, la alimentación, el agua, la limpieza, la supervisión… todo recae en ellos. ¿Cómo pueden dormir tranquilos sabiendo que estos seres vivos se marchitan bajo su cuidado?
La situación es aún más alarmante si consideramos la presencia masiva de moscas, un indicador inequívoco de insalubridad. Un foco rojo que, por fortuna, aún no ha desatado la plaga del gusano barrenador. Pero, ¿hasta cuándo? La falta de protocolos de control y de medidas básicas de higiene es una bomba de tiempo. No solo se pone en riesgo la vida de los animales, también la salud pública.
La denuncia de Lucía Hernández es un grito desesperado que no podemos ignorar. Es un llamado a la acción para Mariana Boy, titular de la Profepa, para que ordene una inspección inmediata y exhaustiva del EcoParque Monclova. Es un llamado a la sociedad, para que exijamos justicia para estos seres indefensos. No podemos permitir que la crueldad y la negligencia sigan reinando en este lugar. El tiempo se agota para los animales del EcoParque Monclova. Su vida, su bienestar, depende de nuestra respuesta. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados o vamos a alzar la voz y exigir un cambio? El silencio nos hace cómplices.
Fuente: El Heraldo de México