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22 de mayo de 2025 a las 09:25

Descubre el Noroña que no conocías

La trayectoria de Gerardo Fernández Noroña es, sin duda, una de las más peculiares y controvertidas en la política mexicana. Desde sus inicios como activista, pasando por su liderazgo en el PRD, hasta su actual posición como figura prominente en la 4T, Noroña siempre ha sabido cómo llamar la atención. Su estilo confrontativo, su dominio de la retórica y su habilidad para conectar con ciertos sectores de la población lo han convertido en un personaje mediático, a menudo generando tanto admiración como rechazo.

Recordemos sus inicios, liderando la Asamblea Ciudadana de Deudores de la Banca, en medio de la crisis económica del zedillismo. Una época turbulenta donde muchos mexicanos se vieron afectados por las políticas económicas, y donde Noroña encontró un espacio para articular el descontento popular. Ya desde entonces, mostraba una inclinación por la protesta, por desafiar al poder establecido, una característica que lo ha acompañado a lo largo de su carrera política.

Su paso por el PRD estuvo marcado por la controversia. Las protestas, los arrestos, la quema del Renault en el Zócalo… acciones que, si bien resonaban con algunos, también generaban rechazo y críticas. Incluso Andrés Manuel López Obrador, entonces Jefe de Gobierno, tuvo que salir a ofrecer disculpas por el incidente del automóvil. Estos episodios nos muestran a un Noroña impulsivo, radical, dispuesto a llevar sus convicciones hasta las últimas consecuencias.

Aquel Noroña de las protestas antiglobalización en Cancún, donde incluso periodistas fuimos arrestados, era un torbellino de ideas y argumentos. En una entrevista, con una sola pregunta, desplegaba todo su arsenal intelectual, demostrando una mente brillante y una vasta cultura política. Sin embargo, también se percibía cierta soberbia, una actitud que a veces le jugaba en contra.

Pero el tiempo, como suele suceder, lima las asperezas y matiza las posturas. Años después, vimos a un Noroña más maduro, capaz de conectar con el electorado de una manera que pocos anticipaban. Su sorpresivo tercer lugar en las encuestas de Morena y su posterior nombramiento como presidente del Senado marcaron un punto de inflexión en su carrera. Dirigiendo la histórica sesión donde se aprobó la Reforma Judicial, Noroña demostró una capacidad de liderazgo y una templanza que antes parecían ausentes.

El incidente con el abogado Carlos Velázquez en el aeropuerto nos presenta un nuevo dilema. Si bien la agresión a Noroña fue injustificable, la decisión de involucrar al Senado en el asunto y la exigencia de una disculpa pública parecen desproporcionadas. Se podría argumentar que Noroña, como figura pública, está expuesto a este tipo de situaciones y que la mejor respuesta hubiera sido la vía legal, sin convertir el incidente en un espectáculo mediático.

Al convertir un asunto personal en un tema del Senado, Noroña corre el riesgo de desviar la atención de temas cruciales para el país. En un contexto de presiones internacionales, campañas mediáticas y una compleja situación política interna, la prioridad debería ser la estabilidad y la gobernabilidad. La exigencia de una disculpa pública se presta a interpretaciones y puede ser utilizada por la oposición para atacar al gobierno y a la 4T.

Noroña, el activista, el político aguerrido, debe encontrar un equilibrio con el Noroña estadista, el líder que el país necesita. La inteligencia y la capacidad están ahí, pero es crucial aprender a manejar las situaciones con prudencia y evitar caer en provocaciones que puedan perjudicar el proyecto político que representa. La política, al final del día, es el arte de lo posible, y a veces la mejor estrategia es saber cuándo dar un paso atrás.

Fuente: El Heraldo de México