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22 de mayo de 2025 a las 21:45

Cierre en Periférico Norte: caos vial en Naucalli

La tensión se palpa en el aire. El rugido de los cláxones se mezcla con los gritos de los manifestantes, creando una cacofonía que refleja la frustración de cientos de automovilistas atrapados en el embotellamiento. El Periférico Norte, a la altura del icónico Parque Naucalli, se ha convertido en un escenario de protesta. Un río de metal detenido, testigo de la indignación de los vecinos de Azcapotzalco que se oponen rotundamente a la construcción del Macro Libramiento Mexiquense sobre la Calzada de las Armas.

No es un capricho, aseguran. Sus pancartas, alzadas con firmeza, hablan por sí solas: “No necesitamos el Macrolibramiento Mexiquense sobre la Calzada de las Armas”, “No al puente sin consulta ciudadana”. Detrás de estas consignas se esconde el temor a un futuro incierto, un futuro donde el rugir de los motores reemplace la tranquilidad de sus hogares. El incremento del tránsito vehicular, la contaminación que asfixia y el miedo a daños estructurales en sus viviendas son los fantasmas que los acechan.

La Calzada de las Armas, vía principal de acceso a sus colonias, se convertiría, según sus palabras, en una arteria congestionada, un monstruo de concreto que devoraría la calidad de vida que con tanto esfuerzo han construido. No se trata solo de un problema de movilidad, es un problema de salud, de bienestar, de respeto a su derecho a ser escuchados.

Mientras el sol cae a plomo sobre el asfalto recalentado, la paciencia de los conductores se agota. Cinco kilómetros de caos vial, una serpiente metálica que se extiende hasta los municipios de Cuautitlán Izcalli, Cuautitlán, Tlalnepantla y Atizapán. Cientos de historias se entrelazan en este atasco: trabajadores que llegan tarde a sus empleos, familias que ven sus planes truncados, la impotencia colectiva ante una situación que parece no tener fin.

La demanda de los manifestantes es clara: un diálogo directo con las autoridades del Estado de México. Quieren ser escuchados, quieren que se les explique el impacto real del proyecto, quieren que se tomen en cuenta sus preocupaciones. No buscan el conflicto, buscan soluciones. Buscan un futuro donde el progreso no signifique la destrucción de su entorno.

Y mientras el Periférico Norte sigue paralizado, en la Calzada de las Armas, otro grupo de vecinos se suma a la protesta. La misma indignación, las mismas pancartas, la misma exigencia: que se respete su voz, que se valore su derecho a una vida digna. La pregunta que flota en el aire es: ¿escucharán las autoridades el clamor de estos ciudadanos? El futuro de la Calzada de las Armas, y la tranquilidad de sus vecinos, dependen de la respuesta.

Fuente: El Heraldo de México