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23 de mayo de 2025 a las 01:50

Azcapotzalco clausura Tianguis de la Naranja.

El bullicio habitual del Tianguis de La Naranja, un punto de encuentro tradicional en el norte de la Ciudad de México, se ha silenciado. La vibrante atmósfera de comercio, regateo y convivencia que caracterizaba a este mercado sobre ruedas ha dado paso a un silencio inusual, consecuencia de una serie de irregularidades que han culminado en su suspensión temporal. Vecinos de las colonias Ampliación San Pedro Xalpa y Ahuizotla, cansados de la proliferación de actividades ilícitas, alzaron la voz. Sus denuncias, eco de una problemática creciente, pusieron en marcha una serie de operativos de vigilancia que confirmaron lo que muchos sospechaban: la venta ilegal de alcohol, medicamentos y cigarros se había convertido en una práctica común dentro del tianguis.

La alcaldía Azcapotzalco, en un comunicado de prensa, detalló los esfuerzos realizados para abordar la situación. No se trató de una acción precipitada, sino del resultado de un proceso que incluyó inspecciones, decomisos de mercancía ilegal y, sobre todo, intentos de diálogo con los comerciantes. La normativa que regula la operación de los mercados móviles, incluyendo los horarios de instalación y retiro de puestos, la prohibición de venta de ciertos productos y el manejo adecuado de residuos sólidos, fue recordada y reiterada en múltiples ocasiones. Se buscó, en primera instancia, la cooperación y el entendimiento. Se apostó por la conciencia cívica y la responsabilidad compartida en la construcción de un espacio de comercio justo y respetuoso.

Sin embargo, la respuesta de algunos tianguistas fue la reincidencia. La tentación del lucro fácil, aparentemente, se impuso sobre el bien común y las normas establecidas. Ante la persistencia de las conductas ilegales, la alcaldía Azcapotzalco se vio obligada a tomar una medida drástica: la suspensión del Tianguis de La Naranja por una semana. Una decisión difícil, sin duda, pero necesaria para salvaguardar el orden, la legalidad y la tranquilidad de los vecinos.

Más allá de la sanción impuesta, este caso abre la puerta a una reflexión más profunda sobre la importancia del respeto a las normas y la convivencia armónica en los espacios públicos. La vitalidad de los tianguis, como espacios de comercio tradicional y encuentro comunitario, depende en gran medida de la corresponsabilidad de todos los actores involucrados: autoridades, comerciantes y vecinos. El llamado de la alcaldía Azcapotzalco a los demás tianguis de la demarcación a operar dentro del marco legal y en armonía con las comunidades es un recordatorio de que la prosperidad y la paz social se construyen con el esfuerzo conjunto y el respeto a las reglas.

¿Será esta suspensión una llamada de atención suficiente para que los comerciantes del Tianguis de La Naranja rectifiquen su comportamiento? ¿Se logrará, finalmente, un equilibrio entre la actividad comercial y el bienestar de la comunidad? El tiempo lo dirá. Mientras tanto, el silencio en el espacio que antes ocupaba el bullicioso mercado es un testimonio elocuente de las consecuencias de ignorar las normas y desatender el diálogo. Una lección que, esperemos, sea aprendida por todos.

Fuente: El Heraldo de México