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22 de mayo de 2025 a las 09:35

Anderson busca la Palma

Wes Anderson, ese nombre que evoca simetría perfecta, paletas de colores vibrantes y personajes excéntricos, vuelve a la carga con "El Esquema Fenicio", una película que promete seguir explorando la complejidad de las relaciones humanas, en especial, las familiares. Desde su debut con "Bottle Rocket", Anderson nos ha presentado un universo cinematográfico único, donde la estética meticulosa se combina con historias que, a pesar de su aparente ligereza, abordan temas profundos como la identidad, la pertenencia y la búsqueda de significado en un mundo a menudo absurdo.

En "El Esquema Fenicio", nos encontramos con Sza-Sza Korda, un empresario interpretado por el camaleónico Benicio del Toro, quien, tras una vida marcada por el peligro y la opulencia, decide ceder su imperio a su hija, una monja de la que se ha distanciado hace años. Este reencuentro, lejos de ser un simple traspaso de poder, se convierte en un viaje emocional en el que ambos personajes deberán confrontar sus propios demonios y reconstruir un vínculo fracturado por el tiempo y las circunstancias. La figura de Bjorn, interpretado por Michael Cera, añade otra capa de complejidad a la trama, actuando como un catalizador en la dinámica entre padre e hija. Cera, conocido por su estilo interpretativo sutil y cargado de matices, se convierte en la pieza clave de este intrincado rompecabezas emocional.

La elección de Mia Threapleton para interpretar a la hija de Korda resulta particularmente interesante. Su presencia aporta una frescura y una vulnerabilidad que contrastan con la excentricidad de los demás personajes, creando un equilibrio perfecto entre la comedia y el drama. La película, como es habitual en la filmografía de Anderson, se convierte en un estudio de las relaciones familiares disfuncionales, un tema recurrente que el director explora con una mezcla de humor y melancolía. En "El Esquema Fenicio", Anderson vuelve a diseccionar la idea de la masculinidad, una temática que ya había abordado en películas anteriores. En esta ocasión, se inspira en la figura de su suegro, un hombre que, tras una fachada de fortaleza, ocultaba un mar de inseguridades. Esta exploración de la masculinidad frágil, lejos de ser un juicio moral, se presenta como una reflexión sobre las máscaras que utilizamos para protegernos del mundo y las consecuencias que estas tienen en nuestras relaciones con los demás.

El estilo visual de Anderson, tan característico y reconocible, se convierte en un elemento narrativo más. La simetría, los colores vibrantes y los detalles cuidadosamente seleccionados crean un universo onírico que nos transporta a un mundo paralelo, donde las emociones se amplifican y las situaciones cotidianas adquieren una dimensión surrealista. Sin embargo, como bien señala Michael Cera, más allá de la estética, son las historias y los personajes los que realmente conectan con el espectador. Son las emociones, las vulnerabilidades y las contradicciones de estos personajes las que nos hacen reír, llorar y reflexionar sobre nuestra propia existencia.

Wes Anderson, como un arqueólogo cinematográfico, desentierra historias que parecen existir en un plano inconsciente. Sus películas son un recordatorio de que, a pesar de nuestras diferencias, todos compartimos las mismas inquietudes, los mismos miedos y la misma necesidad de conexión humana. "El Esquema Fenicio" promete ser otra joya en la filmografía de este director singular, una obra que nos invita a sumergirnos en un mundo de belleza y complejidad, donde la risa y la lágrima se entrelazan en una danza perfectamente orquestada.

Fuente: El Heraldo de México