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22 de mayo de 2025 a las 00:10

Sarampión mortal: síntomas y contagio

El calor agobiante del verano no es la única amenaza que acecha la salud de nuestros niños. Una sombra mucho más silenciosa y peligrosa se cierne sobre Sonora y Chihuahua: el sarampión. Las recientes noticias sobre el fallecimiento de tres menores de edad a causa de esta enfermedad, nos recuerdan la importancia vital de la vacunación y la atención médica oportuna. La tragedia golpea con especial fuerza a las familias de jornaleros agrícolas y comunidades menonitas, poniendo en evidencia las vulnerabilidades que enfrentan algunos sectores de la población. La pequeña de un año, víctima de la desnutrición y la falta de acceso a la vacuna, nos interpela como sociedad. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, niños sigan perdiendo la vida por enfermedades prevenibles? Su historia, silenciada por la precariedad, debe ser un llamado a la acción. No podemos permitir que la pobreza y la marginación condenen a nuestros niños a un destino evitable.

En Chihuahua, la situación es igualmente alarmante. Dos pequeños, uno de siete años y otro de apenas once meses, sucumbieron ante la combinación fatal del sarampión y otras complicaciones de salud. La neumonía, la leucemia y la afección renal que padecían agravaron el cuadro clínico, demostrando la fragilidad de la salud infantil frente a enfermedades que, con la vacunación adecuada, podrían ser controladas. Es fundamental que las autoridades sanitarias redoblen sus esfuerzos para llegar a todas las comunidades, especialmente a aquellas con acceso limitado a los servicios de salud. La información, la prevención y la atención médica deben ser un derecho garantizado para todos, sin importar su origen o condición social.

Aunque el sarampión evoca imágenes de un pasado lejano, es una realidad latente. Si bien la vacuna implementada en 1963 ha logrado reducir drásticamente el número de casos en Estados Unidos, la enfermedad sigue presente y puede propagarse rápidamente, especialmente en poblaciones no vacunadas. La alta contagiosidad del sarampión, transmitido a través de secreciones nasales y de la garganta, o incluso por vía aérea, lo convierte en una amenaza constante.

Los síntomas, aparentemente inofensivos al principio – flujo nasal, tos, fiebre baja, enrojecimiento de los ojos y sensibilidad a la luz –, pueden evolucionar rápidamente hacia un cuadro grave. La segunda etapa de la enfermedad, caracterizada por fiebre alta y una erupción cutánea rojiza, es una señal de alerta que no debe ser ignorada. La aparición de las manchas de Koplik en la boca es un indicador clave para el diagnóstico del sarampión.

Ante la menor sospecha, es crucial acudir de inmediato al centro de salud más cercano. La detección temprana y el tratamiento oportuno son fundamentales para evitar complicaciones. La vacunación no solo protege a nuestros hijos, sino que también contribuye a la inmunidad colectiva, creando un escudo protector para toda la comunidad. No bajemos la guardia. El sarampión es una enfermedad prevenible y la vacunación es la mejor herramienta que tenemos para proteger a nuestros niños y construir un futuro más saludable para todos. Informémonos, vacunemos a nuestros hijos y consultemos con un profesional de la salud ante cualquier duda. La salud de nuestros niños es una responsabilidad compartida.

Fuente: El Heraldo de México