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22 de mayo de 2025 a las 02:05

Paro de taxis colapsa París

El rugido de los motores a baja velocidad se mezcla con el claxon impaciente de los automovilistas atrapados. París, la ciudad de la luz, se ha convertido en un laberinto de acero inmóvil, un tablero de ajedrez donde las piezas, en vez de moverse con estrategia, se amontonan en un desorden exasperante. La imagen, repetida por tercer día consecutivo, ilustra la magnitud del descontento que recorre el sector del taxi. No se trata de un simple embotellamiento, sino de un grito desesperado que busca resonar en los pasillos del poder. La "operación caracol", lejos de ser una pintoresca anécdota, se ha transformado en la metáfora de una profesión que siente que avanza a paso de tortuga hacia un futuro incierto.

Las autopistas, arterias vitales de la región, se han convertido en venas obstruidas. La A1, la A6, la A13, nombres familiares para quienes transitan habitualmente por la Île-de-France, son ahora sinónimo de frustración y resignación. El perímetro de la capital, normalmente un hervidero de actividad, parece suspendido en el tiempo, atrapado en una parálisis que se extiende hasta los mismos umbrales de los aeropuertos Charles de Gaulle y Orly. Imagine la angustia de aquellos viajeros que, con la ilusión de alcanzar un vuelo, se encuentran presos en una telaraña de chapa y asfalto, viendo esfumarse sus planes con cada minuto que pasa. Más allá de las estadísticas frías de kilómetros de atasco, hay historias personales de pérdidas, conexiones perdidas y oportunidades desvanecidas.

La chispa que ha encendido esta hoguera de protestas son las nuevas tarifas de transporte sanitario. Los taxistas, que a menudo actúan como un eslabón esencial en la cadena de atención médica, ven en estas tarifas una amenaza directa a su subsistencia. La CNAM, en su búsqueda de optimizar recursos, ha desatado, quizás sin pretenderlo, una tormenta de indignación. Un 30 o 40% de reducción en los ingresos no es una simple cifra: es la diferencia entre llegar a fin de mes o no, entre mantener un negocio a flote o verse abocado al cierre. Y esta preocupación, legítima y comprensible, se ve agravada por la sombra alargada de la competencia de las plataformas de VTC.

La irrupción de Uber y otras aplicaciones ha transformado el panorama del transporte de pasajeros. Los taxistas se sienten en desventaja, obligados a competir con empresas que, según denuncian, operan bajo reglas diferentes y con costos operativos significativamente menores. La sensación de injusticia es palpable. No se trata de resistencia al cambio o de aferrarse a modelos obsoletos, sino de reclamar un terreno de juego nivelado, donde todos los actores cumplan las mismas normas.

La movilización, que comenzó con incidentes aislados, ha ido ganando fuerza con el paso de los días. La solidaridad entre los taxistas ha traspasado las fronteras regionales. Desde Normandía hasta Occitania, el clamor de protesta se ha unido al de la capital, creando un frente común que busca hacerse oír. La pregunta ahora es si el gobierno estará dispuesto a escuchar y a ofrecer soluciones concretas que satisfagan las demandas de un sector que se siente abandonado a su suerte. Mientras tanto, París sigue congestionada, esperando una respuesta que desatasque, no solo sus calles, sino también el futuro de miles de profesionales.

Fuente: El Heraldo de México