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21 de mayo de 2025 a las 09:40

México forja su propio futuro industrial

La incertidumbre global nos rodea. Tensiones geopolíticas, presiones comerciales y la volatilidad de las expectativas económicas dibujan un panorama complejo que exige análisis profundos y estrategias bien definidas. En este contexto, la reciente Asamblea del Consejo Directivo de la Industria Nacional de Autopartes (INA) resonó con especial fuerza gracias a la participación del Dr. Luis de la Calle, un economista cuya visión penetrante iluminó los desafíos y las oportunidades que México enfrenta. Su mensaje, contundente y directo, nos invita a la reflexión: el futuro económico de México no se decide en Washington, sino en Palacio Nacional.

Esta afirmación, lejos de ser un simple eslogan, se sustenta en un análisis riguroso de los escenarios que se avecinan, íntimamente ligados a la evolución económica de Estados Unidos. El primero, una posible recesión en la economía norteamericana, plantea un desafío considerable para México. Sin embargo, no estamos condenados a la pasividad. Fortalecer nuestra competitividad y convertir a México en un imán para la inversión extranjera directa son las claves para sortear este obstáculo. Debemos ser un destino atractivo, con reglas claras y un funcionamiento eficaz en sectores estratégicos, como el energético y el logístico. Solo así evitaremos que una recesión en Estados Unidos se traduzca en una depresión en México.

El segundo escenario, no menos desafiante, es un endurecimiento de la política comercial estadounidense. Si bien se prevé una menor apertura comercial a nivel global, la preferencia comercial hacia México y Canadá podría mantenerse, e incluso incrementarse. Esta situación, aunque adversa en el contexto internacional, se presenta como una ventana de oportunidad que debemos aprovechar. El cumplimiento de las reglas de origen del T-MEC adquiere una importancia capital, lo que nos obliga a redoblar esfuerzos para aumentar el valor agregado nacional en nuestras exportaciones.

En este punto, la agenda pendiente se vuelve ineludible. La industria mexicana, especialmente la de autopartes, necesita urgentemente una mayor integración vertical. Disponemos del gas natural más económico del mundo en Texas, pero no hemos logrado traducir esta ventaja en competitividad. Importamos plásticos, resinas y aceros que podríamos producir localmente. No es una cuestión de recursos, sino de condiciones. Reformar el sector energético, modernizar nuestra infraestructura logística y garantizar la devolución eficiente del IVA a los exportadores son acciones cruciales para impulsar el crecimiento industrial.

México posee una estructura productiva más sofisticada que cualquier otro país de América Latina, asemejándose cada vez más a economías asiáticas como Corea del Sur y Japón. No obstante, el camino hacia el liderazgo aún es largo. Debemos trascender las medidas defensivas y construir una agenda proactiva que atraiga líneas de producción actualmente ubicadas en Asia, fomente alianzas estratégicas con empresas dispuestas a invertir en nuestro territorio y defienda con inteligencia nuestras posiciones comerciales en el escenario global.

Actualmente, México es el principal proveedor de autopartes de Estados Unidos. Nuestra participación de mercado en este país supera, individualmente, a la de potencias como Alemania, China, Canadá, Japón y Corea del Sur. Este logro no es producto de la casualidad, sino de décadas de integración, inversión, cumplimiento regulatorio y generación de confianza. Mantener y, sobre todo, ampliar esta posición requiere que nuestras instituciones garanticen un entorno favorable para la inversión, con seguridad jurídica, certidumbre fiscal y una política industrial ambiciosa y moderna.

El Dr. de la Calle nos recordó que, a pesar de los temores, México y Canadá son los únicos socios comerciales importantes que reducen el déficit promedio de Estados Unidos. Nuestra integración a su cadena productiva es tan profunda que nuestras exportaciones contienen un alto valor estadounidense. Este hecho debe ser comunicado con claridad a quienes promueven medidas proteccionistas. El T-MEC no es una concesión para México; es una ventaja estratégica para toda América del Norte.

Ante una posible reconfiguración arancelaria, el valor del cumplimiento del T-MEC se incrementará. Si el arancel promedio de Estados Unidos sube, la preferencia arancelaria que otorga el tratado será aún más significativa. Sin embargo, solo quienes cumplan con las reglas de origen podrán capitalizar esta ventaja.

La conclusión es ineludible: México tiene una oportunidad histórica para redefinir su rol en la economía global. No podemos esperar que las soluciones provengan del exterior. Se requieren decisiones audaces desde el sector público, una visión compartida con el sector privado y una apuesta decidida por la innovación, la productividad y la integración regional. No es una tarea fácil, pero como industria estamos preparados para asumir el reto.

Por Francisco González Díaz

Presidente Ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes

Fuente: El Heraldo de México