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21 de mayo de 2025 a las 05:05

México 2050: El gran desafío

La sombra de la sequía se extiende sobre México, un país donde la riqueza natural contrasta con la creciente amenaza de la escasez hídrica. El Banco Mundial, como un profeta moderno, advierte sobre un futuro árido, un escenario donde el vital líquido, fuente de vida y progreso, podría escasear dramáticamente. No se trata de una predicción apocalíptica lejana, sino de una realidad que ya golpea a diversas comunidades y que, de no tomarse medidas drásticas, se agravará en las próximas décadas.

Imaginen un México en 2050, con un 25% menos de agua por habitante. No es ciencia ficción, es la proyección del Banco Mundial si las tendencias actuales persisten. El fantasma de la sed acecha, no solo en el horizonte lejano, sino en el presente inmediato de muchas familias mexicanas que ya experimentan la angustia de abrir el grifo y no encontrar ni una gota. Ciudades que alguna vez florecieron gracias a la abundancia de ríos y manantiales, podrían convertirse en desiertos urbanos, donde la lucha por el agua se vuelva una constante.

El problema no es la falta de agua en sí misma, México es un país rico en recursos hídricos. La verdadera crisis radica en la gestión, o mejor dicho, en la mala gestión de este recurso vital. La sobreexplotación de los acuíferos, como si fueran pozos sin fondo, es una práctica insostenible que agota las reservas a un ritmo alarmante. A esto se suma una infraestructura obsoleta, con tuberías que gotean como lágrimas de un futuro incierto, desperdiciando un porcentaje considerable del agua potable.

El cambio climático, como un villano silencioso, agrava el panorama. Las sequías, cada vez más prolongadas e intensas, azotan al país, dejando a su paso campos agrietados y comunidades sedientas. El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) pinta un cuadro desolador: más del 70% del territorio nacional sufre algún grado de sequía. La imagen de un México reseco, donde el polvo y la aridez reemplazan la vitalidad de sus ecosistemas, es una posibilidad que debemos evitar a toda costa.

Pero no todo está perdido. Aún hay tiempo para revertir esta tendencia, para escribir un futuro diferente donde el agua siga siendo fuente de vida y prosperidad. La solución, sin embargo, no es sencilla y requiere un compromiso conjunto, una sinergia entre gobierno, empresas y ciudadanía.

El gobierno debe implementar políticas públicas que promuevan el uso responsable del agua, desde la inversión en infraestructura moderna y eficiente hasta la regulación de la extracción de agua en la agricultura y la industria. Las empresas, por su parte, tienen la responsabilidad de adoptar prácticas sostenibles que minimicen su huella hídrica y contribuyan a la conservación de este preciado recurso.

Y nosotros, los ciudadanos, ¿qué podemos hacer? Mucho. Desde pequeños cambios en nuestros hábitos diarios, como duchas más cortas y la reparación de fugas en nuestros hogares, hasta la participación activa en iniciativas comunitarias para la conservación del agua. Cada gota cuenta, cada acción suma en la construcción de un futuro más sostenible.

La pregunta no es si México se quedará sin agua, sino cuándo. La respuesta está en nuestras manos. Si actuamos ahora, con decisión y compromiso, podemos evitar la catástrofe y asegurar que las futuras generaciones puedan disfrutar de la abundancia de este recurso vital. El futuro del agua en México depende de nosotros.

Fuente: El Heraldo de México